¿Estás dispuesto a dejar ir lo que te enfermó?

Cuando hablamos de enfermedades, lo más común es que el tema se centre en los síntomas, en el diagnóstico, en el tratamiento… Sin embargo, ver a nuestro cuerpo como el medio a través del cual asumimos esta experiencia física, nos puede llevar a pensar que sus manifestaciones corresponden a algo más que la dolencia que padecemos o las limitaciones que nos puede acarrear una enfermedad.

Muchos estudios se han dado la tarea de asociar las zonas de nuestro cuerpo y las enfermedades a una emoción en particular, aquí les dejamos algunas de estas vinculaciones:

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El miedo: Puede afectar el sistema renal y generar afecciones de los huesos y de las articulaciones.

La rabia: Afecta el hígado, la vesícula biliar y el sistema digestivo.

La tristeza: Debilita el sistema inmunológico, generando vulnerabilidad en la salud integral. Se asocia con afectaciones pulmonares y del intestino grueso.

La insatisfacción: Afecta la piel, generando diversos tipos de dermatitis, dolores de cabeza y dolores en la zona baja de la espalda.

La sensación de pérdida: Afecta al corazón y al sistema circulatorio en pleno.

La lista de emociones y partes de nuestro cuerpo es realmente extensa y lo importante es entender que existe una relación entre nuestras emociones y la traducción de nuestro cuerpo. Cada uno de nosotros se pasea por una escalera emocional cada día de nuestras vidas y eso es normal, lo que nos debe llamar la atención es si existe un predominio de alguna emoción que nos genere malestar. Ya que el estado permanente o semipermanente de una emoción que llamemos negativa,  en nuestro sistema, puede generar un daño importante en nuestro organismo.

Las emociones se convierten en la manera que tiene nuestro cuerpo de manifestar lo que procesa nuestra mente. Es por ello que resulta tan beneficioso observar nuestro cuerpo y lo que sentimos, a lo cual podemos no estar acostumbrados. Pero cultivar la práctica de la auto-observación nos puede evitar pasar por procesos de salud complicados, como único mecanismo de nuestro cuerpo para generar cambios en nuestra vida.

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A fin de cuentas, todas las enfermedades nos hablan de lo mismo, pretenden cosas similares. Por lo general es que nos conectemos con lo que realmente importa, que invirtamos nuestro tiempo en lo que nos alimenta el alma. Las enfermedades nos invitan a que dejemos de darnos mala vida por problemas que solo están en nuestras mentes.

Si nos sentimos mal, debemos revisar qué es lo que no estamos haciendo del todo bien. Si hemos enfermado, debemos hacer una pausa para generar cambios, no solo de alimentación, que son muy importantes, ni de rutinas de ejercicio, ni de medicamentos consumidos… Debemos generar cambios de actitud ante la vida, potenciando la capacidad de darle a cada cosa el lugar que merece.

Ya tenemos una distorsión bien marcada en lo que debería ser la vida, ajustándonos a un sistema que nos invita a nacer, estudiar, trabajar, endeudarnos, casarnos, tener hijos, seguir trabajando, seguir endeudándonos, retirarnos cuando no podamos trabajar más y morir… En lo particular creo que nacimos para mucho más que esto, que esta oportunidad es única y debemos reinventarnos para hacer que realmente valga la pena.

Y en esa reinvención está agarrar todo lo que nos pese, meterlo en un saco y desecharlo, despedirlo, sin miramientos. También está aprender a mirar los detalles de la vida, agradecer por las bendiciones que recibimos, querernos y aceptarnos como somos, sin compararnos con nadie. También debemos entender que no estamos en una carrera, no vinimos  a saldar deudas, esto no es un castigo, sino una gran oportunidad y si enfermamos es porque nuestro sabio cuerpo, nos está dando un mensaje y el mensaje es: ¡cambia!

Puedes eliminar algún síntoma, puedes descartar cualquier vicio (muy positivo), puedes cortar partes de tu cuerpo, asumiendo que con ello se irá la enfermedad… Pero hasta que no dejas ir la emoción que te enfermó, hasta que no te deshaces de esa manera de pensar que te hizo sentir así, hasta que tus prioridades no se ajusten a lo que realmente alimenta tu alma, no estarás listo para sanar.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet