Elígete a ti por sobre todo lo demás

Existe la idea generalizada de que el escogernos a nosotros mismos,  de que velar por lo que queremos y tenernos de primeros en nuestra lista de prioridades es una muestra de egoísmo, cuando lo que en realidad representa es el compromiso que algunos asumimos con nosotros mismos.

Si no tenemos una buena relación con nosotros, no tendremos posibilidades de establecer relaciones de calidad con el resto. Cuando nos olvidamos de nosotros para darle a otros, nos estamos traicionando, estamos dándonos la espalda. No es lo mismo compartir, ser bondadoso, empático, caritativo, cuidadoso de nuestros seres queridos, pero a su vez atendernos a nosotros mismos, que dejarnos de lado totalmente y que nuestras necesidades se pierdan bajo una montaña de personas y cosas que según nosotros requieren mayor atención.

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Muchos suelen conocer más a los demás que a ellos mismos. Hay personas que podrían describir a la perfección los gustos, preferencias y rutinas de sus personas importantes, pero no saben qué responder cuando les preguntan de las suyas. Si no nos cuidamos a nosotros mismos, terminaremos estableciendo con los demás relaciones de dependencia, en donde el afecto se confunda con necesidad y sin importar si somos valorados o no, en nuestro interior iremos abriendo una brecha que cada vez nos separa más de nosotros mismos.

Tenemos capacidad ilimitada para amar, así que podemos aprovecharla para distribuir armónicamente ese amor, sin quedarnos por fuera en la repartición. Lo que sí no resulta ilimitado es el tiempo, al cual debemos sacarle el mayor provecho a fin de hacer lo que nos llena y nos apasiona y lo que queremos hacer por los demás.

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No tenemos que ser los mejores padres, ni los mejores hijos, ni las mejores parejas, solo basta con que demos lo mejor, comenzando por nosotros mismos para posicionarnos de la mejor manera. Alguien que no se siente bien consigo mismo, lo refleja, lo transmite, se victimiza, se cansa con facilidad, se quiebra frente al aire y es porque no se da contención a sí mismo.

No debemos sentirnos culpables por decidir ser nuestra prioridad, eso es lo sano y natural, nuestro propósito, así sea en función de otros es solo nuestro y las vivencias no son transferibles. Aprendamos a amarnos sin culpa, sin remordimientos, sin que nos importe que nos vean como egoístas. Somos mucho más que el rol que jugamos, nuestra esencia no tiene nada que ver con reconocimientos, menos con medallas, el premio mayor es estar en paz con nosotros mismos y ese premio nos lo damos y nos lo quitamos nosotros mismos.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet