No debemos generalizar, porque la vida es bastante flexible para que podamos tener la certeza de que si alguien no nos busca, es porque sencillamente no nos extraña. Porque puede haber una historia en el medio que ponga muchos motivos por los cuales no lo hace a pesar de extrañarnos.

Sin embargo, no levantemos falsas esperanzas, porque la verdad es que estadísticamente cuando no nos buscan es porque hay cierta indiferencia ante nuestra presencia o en otra palabra, ante nuestra ausencia.

La mayoría de nosotros puede desenredar la bola de estambre y sacar una conclusión coherente a su caso. Porque cada quien tiene el conocimiento de su historia, de la historia compartida con aquella persona que decidió no hacer nada para tenernos cerca, a quien le dio igual si estábamos o si nos alejábamos.

El afecto lleva consigo interés

Si no hay interés, no hay nada. El interés es necesario para demostrar cariño, para darle importancia a alguien, para decirle que nuestra vida es mejor cuando ellos están presentes y que estamos dispuestos a manifestarnos para que su presencia sea constante e incluso permanente.

Pero cuando permito que te alejes, cuando la comunicación se acaba cuando no me llamas más, cuando no estoy para ti o simplemente tengo mejores cosas o personas en las cuales dedicar mi tiempo y mi energía, es un síntoma de que no te extraño, de que tengo otras prioridades, de que no me importas, al menos no lo suficiente como para buscar una proximidad, un acercamiento.

Ante quien nos demuestra ese nivel de indiferencia tenemos dos opciones, nos acercamos nuevamente, dejando un poco nuestra dignidad a un lado, pero le apostamos a ese llamado que sentimos y que nos hace decir presente aunque a la otra persona poco le importe. O nos alejamos y procesamos nuestro duelo.

Marcharnos de donde queremos estar, permanecer distanciados de quien preferimos como compañía, sin desearlo nos hace afrontar un duelo, el cual será doloroso, como todos los duelos, pero una vez que pase nos vamos a sentir muy aliviados, nos vamos a dar cuenta de muchas cosas que en caliente, en cercanía, se nos hacía complicado ver.

Nunca es tarde para decir basta

Extrañar

No me refiero en este caso a decirle basta al otro, que quizás está deseando que se lo digamos, sino a nosotros mismos y a esas actitudes autodestructivas que nos acercan a personas que no nos eligen. Decirnos basta es un acto que requiere valentía y representa un compromiso con el intentar elegirnos a nosotros mismos, sin permitir que alguien más nos haga sentir mal por no preferirnos en sus vidas.

No podemos obligar a otra persona a querernos o a sostener de por vida sentimientos hacia nosotros. Podemos dar, podemos ser lo mejor que podamos, podemos amar mucho a alguien, pero debemos respetar cuando el otro ya no quiere transitar un camino común al nuestro.

Y dentro de todo el dolor que ello conlleva, debemos alistarnos para seguir con nuestras vidas, porque la vida es corta y el tiempo en lamentos, en reproches, en pensar en lo que pudo haber sido y no fue, es simplemente tiempo desperdiciado, es tiempo mal invertido, que solo nos hace vibrar en esa frecuencia de víctima, de tristeza, de melancolía… Y desde esa frecuencia solo le damos entrada a más vivencias similares.

Entendamos que hay miles de experiencias por vivir, que hay miles de personas a quienes amar, por no decir millones, no debemos aferrarnos a nada que no nos haga sentir realmente bien, porque solo nos estamos cerrando las puertas ante otras oportunidades… Pensemos que quizás esto solo fue el escalón que necesitábamos para llegar a donde debemos estar… Y no importa qué tan larga se nos pueda hacer la escalera, si no nos quedamos llorando en algún escalón, llegaremos a un sitio donde veremos hacia atrás con agradecimiento, por lo que fue y especialmente por lo que no.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet