RINCÓN del TIBET

El antes y el después de presentar trastornos de ansiedad

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El antes y el después de presentar trastornos de ansiedad

Ciertamente solo quien ha presentado trastornos de ansiedad, entiende el punto de inflexión que presenta la manifestación de la misma en sus vidas en cualquiera de sus exacerbadas formas.

Los trastornos de ansiedad no se presentan de la nada, va presentándose de a poco, hasta que en un punto de agotamiento físico, mental y/o emocional hace una profundización de sus síntomas, pudiendo llegar a los llamados ataques de pánico, con los que no necesariamente se tiene que tener algún conocimiento, hasta que alguien que piensa estar al borde de la muerte acude a cualquier centro de urgencias para descubrir que todo en su cuerpo está perfectamente bien y que ha experimentado un ataque de pánico o más sutilmente llamado crisis de ansiedad.

Luego esa sensación que debe ser lo más parecida a tener un infarto, un ACV, un síncope o una asfixia que desencadenará en algo terrible, es debido a alguna reacción de nuestra mente… el corazón está sano, los pulmones funcionan adecuadamente, el cerebro está eléctrica y funcionalmente bien… Pero algo ha ocurrido… En la mente.

Esto puede dudarse y consultar una segunda opinión con un internista o un cardiólogo, quizás un neurólogo, para confirmar que efectiva y “afortunadamente” es ansiedad, se presenta como una respuesta emocional a nuestros pensamientos, que generan una serie de reacciones químicas en nuestro cuerpo, que por algún motivo siente una gran amenaza y tal como si estuviese amarrado en las vías de un tren, viendo alguno a lo lejos acercarse, sin poder escapar, el cuerpo reacciona ante un inminente peligro.

Lo cierto es que esto puede ser tan transitorio o crónico como quien lo padece sea capaz de manejar. Pero en los casos en los cuales se le da mayor importancia, la vida por completo cambia y no precisamente para mejor, a menos no en el corto plazo. Se comienzan a evitar situaciones que se asocien a la primera crisis de ansiedad, se empieza a pensar a través del miedo y a organizar la vida misma en función de evitar cualquier agente detonante de aquella aterradora experiencia que pudo haber sido lo más cercano a la muerte.

Se anhela la vida antes de aquel episodio, tomar decisiones bajo otros criterios, dormir sin la angustia característica de los trastornos de ansiedad. Poder hacer cosas cotidianas se torna problemático, cosas tan sencillas como manejar, salir de compras, estar solo, se vuelven verdaderas hazañas. Se intentan buscar escenarios de seguridad, donde la mente esté tranquila y no tenga los estímulos que desencadenen aquello indeseado. Adicionalmente está el factor social, la incomprensión propia de algo intangible que solo le pertenece a la mente.

Y justo en la mente radica el problema y la solución, la manera de dejar atrás los trastornos de ansiedad y recordarla como una fase de aprendizaje que hace un llamado a mirar adentro, a sanar y a dejar la mente fuera de control. Cuando se deja de rechazar la ansiedad, cuando se entiende como un síntoma y se acepta inclusive con sus terribles sensaciones, ella va perdiendo poder. Cuando se deja atrás la identificación de los pensamientos y las emociones y se percibe como espectador, como el anfitrión de una casa, que recibe una visita no deseada, pero tiene la mayor cortesía para permitirle estar allí, pero sin verse afectado…

En ese momento cuando no se crea mayor resistencia, no se intenta empujar y sacar por la fuerza a esa visita, y menos se utiliza como mecanismo  de escape la huida o el encierro, la ansiedad pierde poder. Al mirarla a la cara, hacerle ver que no tiene poder de dañar y que se acepta su desagradable presencia, se le resta poder y poco a poco tiende a desaparecer.

Si se mantiene la consciencia, la no identificación con los pensamientos y la certeza de que la ansiedad por sí sola no puede ocasionar ningún daño, más pronto que tarde los trastornos de ansiedad deja de manifestarse. En paralelo se deben desmontar todas las creencias, los pensamientos, las ideas erróneas grabadas que pueden estar haciendo mella en el interior. Los mejores recursos para ello: aceptar, perdonar y dejar ir, aplican para todo lo que daña en la vida y son los principales causantes de sufrimiento en cualquiera de sus manifestaciones, inclusive los trastornos de ansiedad.

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

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