Después de la primera mentira, toda verdad se convierte en duda

Bien dijo un sabio, cuando su discípulo le preguntó:

– ¿Qué se gana con decir una mentira?

– Que no te crean cuando dices la verdad.

Las mentiras son como tinta oscura derramada en agua clara, puede ser una simple gota, pero logra teñir un volumen muchísimo más grande que ella misma e imaginemos cuánta agua tendremos que añadir para que las propiedades sean al menos similares… Un trabajo arduo representa recuperar la confianza que en algún momento se perdió.

Algunas veces ambas partes tienen ganas de reiniciar, éste sin duda es el mejor escenario, sin embargo, la pendiente es muy inclinada… el camino puede dejar exhausto al mejor dispuesto. Lo que suele ocurrir es que se mantenga la tendencia hacia la desconfianza, que se traiga al presente algún error del pasado que generó esa brecha que ahora se intenta cerrar.

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No es vida para ninguna de las partes permanecer en una relación en la cual se deba estar argumentando lo que se dice y defendiendo verdades ante las dudas de la otra parte, mientras que esa persona que duda lleva en su boca el mal sabor de haber sino engañada y el temor de volver a pasar por ello.

No debemos generalizar, pero sin duda existe una tendencia a repetir conductas que identifican a cada quien… Por lo que sin ánimos de desanimar, probablemente cuando se descubra la primera mentira, junto a ellas se descubrirán unas cuantas más y con suerte, no habrá una cadena posterior a ellas.

La honestidad puede ser un valor inclusive despreciado por algunos, que prefieren vivir ante la sombra de una mentira, que pueda evitarles algún dolor, sin embargo, esto es por lo general una protección a corto plazo, porque lo más común es ver mentiras que al ser descubiertas, rompen corazones.

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Procuremos que la verdad ocupe un lugar prioritario en nuestras vidas, en nuestras relaciones, que nuestra palabra tenga valor y no sea una fuente de dudas sin valor alguno. Quizás pueda resultarnos complicado manejar alguna información, pero debemos ser responsables de nuestras acciones. Pensemos antes de actuar y valoremos nuestras relaciones, es preferible la prevención, antes de decidir por acciones que nos generen inconvenientes en nuestras relaciones.

Dar al otro la oportunidad de manejar nuestra verdad, de decidir qué hacer con ella, aun a sabiendas de que le duele, o de que hemos actuado de manera inadecuada e incluso estando en riesgo de perder un vínculo con esa persona, habla de algo de respeto y al momento de ponderar y decidir, tendrá cierto valor.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet