Decirle a un niño: “Los hombres no lloran” es enseñarle a reprimir sus emociones

Es común escuchar a quienes están en contacto con niños decirles frases como: “los hombres no lloran”, “llorar es para las niñas”, “tienes que ser valiente”, “Ud. es un macho, así que aguante”, y cualquier cantidad de ideas que sugieren que el hecho de llorar en un niño está vinculado a cobardía, a falta de hombría, a demostración de debilidad.

Haciendo esto no se miden las consecuencias que esto trae para estas personitas, que pronto serán adultos. Es el inicio de una cadena de represión de sus emociones, donde desde niño con pocas herramientas, se le inculca que no está bien exteriorizar sus sentimientos y emociones a través de un drenaje natural, generando en ellos la frustración de querer llorar y ni siquiera poder hacerlo sin sentirse presionados, ridiculizados, cuestionados o culpables.

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Somos humanos independientemente del género. Ciertamente las mujeres nos caracterizamos por ser más sensibles, sin embargo, las emociones y los mecanismos que poseemos para exteriorizarlas no están asociados a hombres o mujeres. Hay muchas mujeres que para drenar su frustración agarran a golpes una almohada o se van a levantar pesos importantes en el gimnasio… ¿esto sería de hombres?

Debemos hacer buen uso de nuestras herramientas naturales para aprender a manejar nuestras emociones, para identificarlas, para conocernos, pero sobre todo debemos influir positivamente en las pequeñas personas que están a nuestro alrededor para no generar en ellos efectos negativos, que sembrarán una creencia en ellos que lo acompañarán durante todas sus vidas.

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Podemos consolar a un niño de cualquier otra manera que no encierre la represión de su llanto, que si quiere llorar, lo haga; que si le duele, llore;que si se siente mal, lo diga; que si alguien le hace daño, esté confiado en decirlo, sin sentir que va a ser juzgado o culpado, debemos darle al niño la confianza suficiente en nosotros y ayudarlo a generar su autoconfianza.

Siempre habrá alguien que a partir de sus anécdotas quiera adoptar o defender una postura para este tipo de situaciones: “A mí me decían que los hombres no lloraban y no tengo ningún problema”, pues eso es bastante difícil de asegurar, nadie a ciencia cierta es capaz de afirmar que lo grabado en su memoria, lo inculcado, no ha tenido gran influencia en su experiencia en edades adultas, y de haber recibido otros mensajes su vida podría ser mejor o peor.

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Rompamos paradigmas, algo normal no necesariamente es bueno y definitivamente la represión de emociones, especialmente en niños, genera muchos conflictos a futuro. Seamos empatícos, confiemos en la naturaleza, que si no quisiese que el sexo masculino tuviese el sistema lagrimal, no lo hubiese dotado con él.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

 

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