Cuando ya lo has dado todo, solo queda dejar atrás

Algunos de nosotros podríamos dar testimonios en los cuales, de manera fehaciente, podríamos afirmar que muchas veces las relaciones llegan a un punto de no retorno, donde se tornan irrecuperables.

Aun así, nos vemos tentados a agotar las posibilidades de extender en tiempo las relaciones que son importantes para nosotros, bien sea por los sentimientos que aún se mantienen, los que queremos recuperar o simplemente por la costumbre que se forma a lo largo de la relación.

Lo que se desea rescatar en todo caso, es la importancia de establecer un límite, que nos permita preservar nuestro bienestar y que nos ahorre tiempo y energía que podamos estar malinvirtiendo en aquello que ha perdido el sentido.

El concientizar que una relación o una situación cualquiera no nos llevará a donde queremos estar, es un principio, sin embargo, no necesariamente esto será el punto de partida para poder alejarnos de donde se nos ha hecho complicado o imposible estar.

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Cada uno a su manera y haciendo uso de sus recursos, hará esfuerzos con fines de permanecer de donde no quiere salir, ya sea por nexos emocionales y sentimentales o por resistencia a los cambios. Cuando ya lo hayamos hecho todo, cuando no tengamos remordimientos por haber podido hacer algo adicional los siguientes pasos nos llevarán a una nueva experiencia de vida.

Bendecir: Al enviarle nuestra bendición o buenos deseos a aquello que tenemos intenciones de dejar no liberamos de caer en la tentación de resaltar o quedarnos aferrados a lo que de alguna manera nos dañó. Es poco usual bendecir e insultar en simultáneo.

Agradecer: Honramos lo que una situación o persona hizo en nuestras vidas, rescatamos lo positivo y nos conectamos con la energía de la prosperidad, que suele proveernos de aquello en lo cual centramos nuestra atención. Toda persona, toda situación tiene algo positivo que dejarnos, así sea el aprendizaje y el reconocerlo y agradecerlo nos beneficiará enormemente.

Dejar atrás: Soltar, confiar en el proceso de la vida y fluir… Pensemos que estamos en un caudaloso río, aferrados a una rama, no nos dejamos ir con la corriente, estamos solo allí concentrados en no soltarnos, aterrados por lo que nos espera si nos llegamos a soltar, pero pasándola realmente mal, a punto de ahogarnos y sin permitirnos disfrutar en lo absoluto. Sabemos que más pronto que tarde la rama cederá o nuestras fuerzas acabarán… No tengamos miedo y fluyamos… En eso consiste la vida. En dejar ir lo que no puede continuar con nosotros.

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Si ya lo diste todo, suéltate… Bendice, agradece y deja atrás, hay mucho más adelante por conocer, por recorrer, fluye con la vida y espera que lo mejor está por venir.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet