Aquí sentada frente a la computadora, no hago más que pensar en todo lo que quiero hacer y no puedo, porque así somos, cuando tenemos la alternativa, postergamos las cosas, sin entender o caer en cuenta de que quizás no tengamos ninguna otra oportunidad…

Bueno ese caso extremo no es el nuestro (al menos eso espero), pero cómo me pesa no haberme ido a la playa ese fin de semana antes de que nos viéramos obligados a resguardarnos en nuestras casas, por nosotros, por los que amamos y por la humanidad misma si queremos entender el impacto…

Cómo quisiera haber ido a ver esa película al cine, haberme bajado del auto para abrazar a mi papá cuando pasé a dejarle algunas cosas, haberme ido a recorrer un parque o simplemente sentarme en cualquier plaza a ver a la gente pasar, sin temor a contagiarme con ningún virus…

Cuando todo esto pase

Me encantaría llevar a mi hijo al colegio a que sean las maestras quienes le enseñen la gramática inglesa, que juegue con sus amigos, luego haga sus deportes favoritos en una cancha, en un tatami, en un espacio diseñado para ello y no estar en casa inventando mil cosas para que se sienta bien.

El sol sobre mi cabeza, el abrazo de algún amigo al encontrármelo, el compartir un café, son solo muestras de lo que daba por sentado, cosas que estaban allí en mi cotidianidad y ahora toman un valor especial, el poder tomar mi auto, mi laptop y poder escribir desde donde quisiera… Una de las más grandes bendiciones de mi trabajo, ahora está en suspenso.

Sí, sé que pasará, sé que en menos de lo que pensamos, ya estaremos al ruedo, sé que nada es casualidad y que tenemos mucho que aprender durante este período de tiempo. Pero no deja de ser duro, extremo, no deja de dar miedo…

Intento hacer uso de todas las herramientas que tengo para que mi mente no se apodere de la situación, medito, visualizo, escribo, oro… Tomo tiempo para mí de muchas maneras, dedico tiempo a mi hijo y agradezco esta conexión especial que puedo generar con él y de igual manera hay momentos en que me desprendo del presente y me voy a ese futuro incierto al que no le puedo hacer frente.

Allí con mi mente al mando me paralizo y todas las teorías conspirativas, las más rebuscadas pasan por mis pensamientos, añoro a quienes no están conmigo, incluso a los que normalmente no prefiero cerca, hay escenarios caóticos en cuanto al abastecimiento, pienso en las personas que no deben tener qué comer…

Trato de simplemente observar y no identificarme con aquello que pienso, yo no soy mis pensamientos, yo no soy mis pensamientos, me repito… Mientras intento volver al presente y convencerme de que todo lo que está en este instante en mi minimundo está bien, no como quisiera, pero bien.

Y sé que cuando todo esto pase tendré una apreciación de la vida diferente. Seré mucho más cuidadosa en no perderme los simples detalles que me regala la vida. Esa brisa leve sobre mi rostro, la arena bajo mis pies, nunca pasarán desapercibidas. No me perderé un abrazo, mucho menos un beso de mis seres queridos. Apreciaré muchísimo más la libertad de ir a donde quiera, cuando quiera. Pausaré cuando lo considere conveniente, porque ya sé que la vida puede detenerse en muchos sentidos y aun así continuar…

En mí ya estará muy claro a quienes realmente quiero cerca y a quienes debo dejar ir (ya voy adelantada en la materia)… Cuando todo esto pase, de seguro extrañaré algunas cosas de esta experiencia, los silencios de las calles, la cercanía constante con mi hijo, la solidaridad de quienes habitan cerca… Cocinar con tanta frecuencia, no, no creo que lo extrañe.

Cuando esto termine me encontraré con una mejor versión de mí y de seguro con una mejor versión de todos… Todos tendremos la posibilidad de habitar un mundo descansado de nosotros siendo capaces de valorarlo y respetarlo, evitando agredirlo y entendiendo que muchas veces nosotros hacemos mucho más daño que cualquier virus.

Espero que ya todos tengan al menos una visión agradable de lo que les espera cuando todo esto pase…

PD: Mis abrazos más fuertes serán a las maestras de mi hijo, que aun cuando se hacen presente a través de mil tareas al día, me han demostrado lo necesarias que son en mi vida.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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