RINCÓN del TIBET

Cuando los hijos se van…

Cuando los hijos se van…

Cuando ser padres se nos presenta en el camino, podemos verlo como una de las mayores bendiciones que nos puede ocurrir, la cual invariablemente viene de la mano con muchos retos a asumir, con muchas experiencias que vivir, muchas sonrisas y también muchas lágrimas, una mágica experiencia que cambiará nuestras vidas y para la cual la mayoría de las veces no estamos preparados.

Resulta que los padres traemos al mundo pequeños seres y los consideramos como nuestros, los alimentamos, les velamos sus sueños, cantamos canciones, corremos a atender cada sonido sospechoso que nos hace pensar que necesitan de nuestra ayuda, los consolamos ante sus primeros pequeños inconvenientes, los vemos evolucionar, crecer… Crecer hasta el momento que deciden que ya están lo suficientemente grandes como para llevar una vida independiente.

Este momento es de sentimientos encontrados para muchos padres, sentimientos de tristeza por no poder compartir de forma habitual con los hijos, sentimientos de orgullo propio por pensar: “lo he hecho bien, le he dado a mi hijo las herramientas que necesita para vivir sin mí”, sentimientos de duda: “realmente podrá estar bien sin mí?”, sensación de miedo al cambio: “No sé cómo ajustar la ausencia de mi hijo a mi vida”… Y todos estos sentimientos, sensaciones y cuestionamientos son totalmente válidos.

Cuando llega ese momento ya no hay mucho que hacer, nunca dejaremos de ser los padres de nuestros hijos, pero debemos reconocer cuándo emprenderán su propio vuelo, donde debemos ajustar nuestro rol y nuestro alcance a la nueva realidad, ya las necesidades de nuestros hijos son otras, sus intereses han cambiado y han decidido adentrándose a vivir su independencia.

Qué se mantiene invariable en nosotros? El amor, la incondicionalidad, el apoyo, el respeto, el espacio que ocupan nuestros hijos en nuestra vida y en nuestro corazón, aunque la presencia física se haya reubicado. Ellos siempre serán nuestros pequeños, a pesar de que nos resulte imposible ya cargarlos.

Que debemos ajustar? La forma de llevar a cabo nuestro rol de padre o madre, debemos aceptar las decisiones tomadas, limitándonos a dar nuestra opinión o si viene el caso, un oportuno consejo. Respetar los espacios físicos donde se desarrollará esta nueva etapa. Respetar las nuevas rutinas. Aceptar a posibles acompañantes. Ser más pasivos que activos. Confiar más que nunca en ellos y en sus capacidades, esto los hará sentirse apoyados y con la seguridad de que cuentan con nosotros.

Adicionalmente y no menos importante, debemos ajustar nuestra vida sin ellos, muchas parejas tienden a dejar su vida a un lado cuando llegan los hijos, y cuando estos se van, algunas ni siquiera encuentran justificación a estar juntos, otras personas crían a sus hijos solos y el hecho de que ellos partan les genera un gran vacío y una profunda soledad, dañina para el padre en cuestión y para el hijo.

Por todo esto, lo mejor es que desde incluso antes de concebirlos, en nuestra mente tengamos claros que nuestros hijos no nos pertenecen, siendo lo más nuestro que sentimos, son de la vida, que eventualmente toman sus rumbos y que debemos hacer lo posible por llenarlos de amor, de valores, de identidad, de confianza, para que, llegado el momento, tengan las herramientas necesarias para vivir su vida de forma independiente.

“Tú eres el arco del cual, tus hijos como flechas vivas son lanzados”

Kahlil Gibran

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

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