Deja que la mente se calme y el corazón se abra, entonces todo será muy diferente.

Estamos viviendo días complicados en donde una situación global nos ha obligado a tomar medidas que quizás nunca voluntariamente hubiésemos adoptado. Estamos llamados a recogernos, a resguardarnos, a estar más que nunca conectados, mientras paradójicamente procuramos la mayor distancia física.

Todo ello en el marco de movimientos económicos, políticos, industriales, que también se adaptan a las peticiones de una realidad que nos está tocando de múltiples formas.

Es complicado mantener la calma, pero de ello depende que podamos sacar de este proceso de inevitables cambios, lo mejor de nosotros. Debemos aprender a encontrar ese punto en el que ya no giramos en el medio del tornado sino estamos justo en ese lugar en el cual todo da vueltas alrededor de nuestro centro.

Volver a nosotros es quizás la tarea de fondo que lleva consigo este movimiento, darle prioridad a lo que verdaderamente lo tiene, redescubrirnos más allá de nuestros patrones mentales y los que rigen nuestras sociedades.

A veces sentimos mucha resistencia a permanecer quietos, extrañamos nuestra dinámica rutina, llena de adrenalina y pasos acelerados. Ahora tenemos la tentación de suplantar la adrenalina de nuestra vida cotidiana con la que nos pone a la orden el miedo y la incertidumbre por vernos amenazados por algo que sale de nuestro control.

Pero es un buen momento para recordar que ante todo somos seres espirituales y que la paz que por momentos demandamos está en nosotros, a un paso de distancia… a una simple inhalación. Es necesario que logremos esa calma, esa paz a través de la fe de que todo estará bien y la certeza de que nuestra alma siempre tiene un plan excelente para nosotros.

Ninguna persona puede encontrar un lugar más tranquilo que su alma.

(Anónimo)

Fluyamos con los cambios, con la vida, con la esperanza, con las mejores expectativas que nos hablan de un mundo quizás más noble, menos comercial, con mayor respeto y amor por sus espacios; que nos hablan de una humanidad más sabia, más responsable y con una apreciación distinta del tiempo y de sus prioridades.

Calma

A veces el estar aquí y ahora se nos puede complicar por una mente tendiente a la angustia, a la zozobra, al miedo, que se resiste a los cambios y asume todo con recelo. Pero podemos ganar terreno. Cada vez que sustituimos un pensamiento de miedo por una respiración consciente o al menos por un pensamiento asociado a lo que nos conecta con el bienestar, estaremos ganando terreno.

Enfocarnos en lo que nos genera bienestar será un buen camino para nuestra salud física y mental. Destinemos nuestro tiempo a aquello que nos llene y nos facilite el tránsito por este camino incierto. Sentirnos cerca de nuestros afectos aun en la distancia contribuirá a un buen estado emocional.

Una manera práctica de generar orden y calma en nuestra mente es ordenar nuestro mundo exterior, buscando simplemente estar en esa labor, sin que nuestra mente quiera salir corriendo de allí. En estos momentos de retiro obligatorio una buena idea para calmar la mente y alejarnos de los factores que pueden contribuir con la intranquilidad de nuestro estado emocional, es dedicarnos a acomodar nuestros espacios, clasificar, limpiar… de alguna manera estaremos transmitiendo ese orden a nuestra mente y rescatándola del caos colectivo y personal.

Si caemos en el juego del miedo solo lograremos sensibilizar nuestro sistema, en especial en sus funciones inmunológicas, debilitando la actuación de nuestro sabio cuerpo y exponiéndonos innecesariamente a la acción de aquello que queremos evitar.

Usemos este tiempo para crecer a nivel individual y a nivel grupal. Es el momento perfecto para reevaluar nuestros planes, nuestras prioridades, entender que quizás lo más importante de la vida no se centra en aquello que pensábamos y que debemos reconocer nuestro rol, nuestra experiencia vital y nuestro espacio en un planeta que nos lo ha dado todo y le hemos respondido de una manera muy ingrata.

De todo lo que ocurre debemos aprender a rescatar lo mejor y usar cada experiencia para tomar consciencia, para volver a nuestra esencia, para reconocernos y evaluar nuestros pasos, los que hemos dado y los que pensamos dar. A veces hace falta que nos sacudan para entender que la vida no es exactamente como la pensamos y qué afortunados seríamos si cuando todo pase, acatamos el llamado a nuestra consciencia y nos comprometemos con un mundo mejor, entendiendo que todos somos uno y por ahora solo tenemos un hogar.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet