RINCÓN del TIBET

A veces importa más la paciencia que el amor

la paciencia

A veces importa más la paciencia que el amor

Cuando vemos relaciones que han logrado superar diversas etapas, que se han consolidado con el paso del tiempo, se respeta y que aún tienen cosas positivas que aportarse, estamos en frente de una pareja que quizás se ama, pero que de seguro ha hecho uso de la paciencia en muchísimas oportunidades.

La paciencia es el arte de entender que no todos los momentos serán iguales, es tener la mirada enfocada en lo que se puede construir juntos a pesar de los momentos en los cuales queremos dejarlo todo de lado. La paciencia nos permite guardar silencio, cuando estamos ofuscados, esperando por un mejor momento procurando no herir, no quebrar, ni lastimar a esa persona que queremos cerca.

Si somos capaces de ser pacientes en los momentos que más lo requieren, no estaremos demostrando sumisión, ni estaremos cediendo espacios, ni estaremos contribuyendo a que la otra persona se sienta con control sobre nosotros. Ser pacientes no es una muestra de debilidad, sino de fortaleza. Al ser pacientes, estamos abonando lo que queremos cosechar.

Muchas veces no podemos hacer mucho con las circunstancias que afrontamos en la vida, sin que nos quede elección en cuanto a vivirlas o no, pero sí podemos decidir cómo vamos a reaccionar ante ellas y la actitud que escojamos marcará la diferencia.

Muchas veces peleamos por tener razón, sin considerar que estamos perdiendo mucho más que la paciencia en ese proceso, que solo va a alimentar nuestro ego y nos puede estar alejando de las personas que son importantes para nosotros.

No se trata de dar siempre nuestro brazo a torcer, se trata se ser selectivos y poner en balanza lo que estamos ganando y lo que ponemos en juego en cada una de nuestras batallas. La mayoría de las veces si dejamos el orgullo a un lado, la necesidad de tener razón y esa sensación de dominio que no otorga asumir posiciones de control, nos damos cuenta de que lo que realmente importa es tener un manejo adecuado de nuestros impulsos, el contribuir a nuestras relaciones y tener la capacidad de esperar, de ser empáticos, de crecer junto a la persona que amamos.

Ser pacientes no tiene que ver con someternos, con doblegarnos, sino con explotar nuestra inteligencia emocional y hacer uso de nuestros recursos que nos ayudan a acercarnos a quienes amamos en lugar de construir barreras que nos separen. Muchas veces podemos amar muchísimo, pero si no somos pacientes, podemos terminar generando una separación o bien heridas que pueden ir desde  superficiales a tan profundas que necesite mucho cuidado y esfuerzo para alcanzar la recuperación.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

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