RINCÓN del TIBET

A veces dejamos pasar cosas por no perder a quienes amamos

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A veces dejamos pasar cosas por no perder a quienes amamos

Puede que alguno defienda la posición del que pierde, refiriéndose a que lo hace quien no sabe valorar a quien le ama, pero siendo prácticos, cuando nos alejamos de alguien, ambos nos perdemos de lo que representa esa persona para el otro, nos perdemos de las cosas positivas, que de seguro tiene y nos ahorramos las que nos duelen.

Muchas veces preferimos dejar pasar cosas que nos lastiman, inclusive perdonar heridas profundas por no alejarnos de quienes amamos. Esto es válido, sin embargo debemos aprender a generar ciertos límites y bajo ningún concepto hacer ver que la dinámica del perdón, del dejar pasar, se volverá una rutina.

En el caso en el que nos acostumbremos a perdonar, los demás por comodidad se acostumbrarán a lastimarnos, porque nuestra naturaleza tiende a andarse por los límites. Si nos dan un poco de confianza, queremos más, si nos perdonan, nos sentimos relajados al momento de generar daño nuevamente y así vamos creando nuestras relaciones oscilando entre lo que somos y lo que nos permiten en nuestras relaciones.

Evidentemente cada quien debería establecer sus propios límites y que dejar pasar, pero como el comportamiento con los demás también depende mucho de cómo somos con nosotros mismos y qué llevamos dentro, pues esto es bastante relativo. Nadie puede ofrecer lo que no tiene. Cada quien a lo largo de su vida va acumulando experiencias, valores, enseñanzas que le hacen ser como son y a partir de allí mostrarse ante los demás y ofrecer de acuerdo a lo que llevan dentro.

Lo cierto es que podemos amar mucho a alguien o quizás preferir su presencia aun cuando no nos haga del todo bien y esto nos puede volver condescendientes y desde un punto de vista muy particular estamos defendiendo lo que queremos cerca, a pesar de que ese mismo elemento sea quien coloque los obstáculos.

A veces apostamos por la bondad de fondo de la gente, queremos creer que no hubo mala intención al momento de generarnos alguna herida y sobre todo nos gusta pensar que los malos momentos no se repetirán… Pero como hemos mencionado, con el perdón hay que saber jugar, si es una carta que damos con frecuencia, pues nos colocarán en esa situación incontables veces.

Hagamos lo posible por conservar nuestros afectos, las cosas de valor se reparan, inclusive en algunas culturas adquieren mayor valor cuando son restauradas. Sin embargo, tengamos presente que la principal relación  que debemos cuidar es la que tenemos con nosotros mismos, así que procuremos no traicionarnos por mantenernos cerca de alguien más.

No dejes pasar ninguna humillación de nadie, quien te quiere no te hace daño…

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

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