RINCÓN del TIBET

A las personas egoístas siempre les cuesta pedir perdón

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A las personas egoístas siempre les cuesta pedir perdón

Las personas egoístas no suelen ser capaces de ver el daño que generan en los otros, para ellos siempre existe algo que justifique sus acciones cuando son las mismas son consideradas como negativas para quienes le rodean.

Una persona que solo está concentrada en el metro cuadrado en el cual se ubica, tendrá inconvenientes al momento de ofrecer algo de sí a los demás y nunca será relevante para ellos evaluar si aquello que da resulta perjudicial, si ha lastimado a alguien con sus acciones o palabras y si resulta necesario en algún caso pedir perdón.

Es complicado para alguien que no es capaz de percatarse de la existencia de nadie de su entorno, para otra cosa que no resulte un complemento a su vida, a sus intereses o a su exclusivo beneficio, darse cuenta de que sus acciones u omisiones pueden tener una consecuencia que dañe a otros y por lo tanto, no se le ve nunca preocupado por enmendar algo que ni siquiera están conscientes de que han roto.

“El egoísta tiene su corazón en la cabeza” ― Ovidio

Por lo general las personas egoístas no suelen tener relaciones profundas que puedan sostener en el tiempo, porque normalmente quienes le rodean y pretenden hacerle parte de sus vidas, terminan por decepcionarse y alejarse. En el mejor de los casos, reciben amores incondicionales, que no esperan absolutamente nada y que son capaces de justificar cada una de las acciones como si de un niño pequeño, que aprende a desenvolverse y a socializar se tratase.

Las personas egoístas son especialistas evadiendo la responsabilidad de sus actos y no conforme con ello, siempre procuran entregar el bulto a la persona realmente afectada. Tienen un “don” para ajustar los escenarios a su conveniencia y una manera peculiar de culpar de la situación e inclusive de sus actos a quien mira con asombro su cinismo.

En algunos casos, menos favorables aun, se tropiezan con personas un tanto más maleables y pueden terminar convenciéndolas de que efectivamente ellas son las culpables y responsables de cualquier daño generado.

Las personas egoístas solo pedirán perdón en condiciones extremas, en las cuales tomen consciencia de que es mucho lo que pierden, donde efectivamente han podido tomar la responsabilidad que les corresponde, pero muy probablemente ese perdón ya está tasado y lo consideran una inversión, que le traerá algún beneficio o le evitará un mal mayor, porque sencillamente no tienen intenciones de pensar en nadie más que en ellos mismos.

Todos tenemos la responsabilidad de amarnos y cuidarnos, pero el amor propio no debe confundirse con egoísmo. Recordemos que “nuestros derechos terminan, donde comienzan los de los demás”. Si estamos relacionados con una persona altamente egoísta, liberémonos de cualquier expectativa que esté asociada a algún esfuerzo o reconocimiento de su parte, que las cosas buenas nos tomen por sorpresa y no se genere en nosotros la clásica frustración al esperar lo que no llegará o llegará forzado.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

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