RINCÓN del TIBET

Arreglar lo que no hemos roto resulta heroico

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Intentar arreglar lo que no hemos roto resulta heroico, más cuando de corazones se trata

¿Cuántos de nosotros no hemos tenido el corazón roto? pero solo quienes han tenido la posibilidad de sanarlo junto a alguien más, pueden saber lo crucial que resulta esa persona en su vida y lo peligrosa de su misión.

Ciertamente lo ideal siempre será que cada quien con sus recursos y capacidades pueda sanar las heridas que lleva en su corazón, a través de su proceso de duelo, en sus propios tiempos, y una vez recuperado y listo para amar nuevamente pueda abrir su corazón a alguien más.

Para quien intenta sanar las heridas del corazón roto de alguien más puede ser muy complicado, puede encontrarse con barreras que le cueste atravesar, con reacciones cargadas de susceptibilidad, con una persona temerosa o con alguien que no muestre interés alguno en volver a ofrecer su corazón a alguien más.

A las personas que tienen el corazón roto hay que acercárseles despacio, cautelosamente, que no quiera salir corriendo, hacer que se sientan cómodas, en confianza y sobre todo hay que acercárseles con la mejor disposición y mucha paciencia, porque aunque ellas no quieran, hasta que no cicatricen reaccionarán de maneras que no necesariamente serán favorables para una nueva relación.

Cuando hemos sido lastimados en el amor, cuando nos han engañado, nos han maltratado o sencillamente en contra de lo que hemos querido, nos hemos tenido que separar de alguien, siempre pasaremos por un proceso de sanación, cuyo periodo puede, si se quiere, ajustase un tanto en tiempo, ayudándonos a nosotros mismos, o por el contrario, dramatizando y haciendo uso especial de nuestra mente para propinarnos dolor y más dolor.

Debemos entender que si queremos aplicar en nuestras vidas eso de: “un clavo saca otro clavo”, por lo general se vuelve un arma de doble filo y que por lo general cuando procuramos estar con alguien con ese fin, los resultados no son los que esperamos y muchas veces saldremos más lastimados de como iniciamos el proceso de reemplazo.

Nadie es indispensable en la vida de alguien más, si alguien ha salido de nuestras vidas por distintos que sean los motivos, debemos aceptarlo, perdonar lo que sea necesario y dejar atrás todo lo que pueda doler. El tener un acompañante y colaborador en este proceso nos dirá mucho de esa persona que intenta entrar en nuestras vidas, aun cuando nosotros no seamos los más preparados para recibir o dar amor.

El tiempo hará sus milagros y quien haya colaborado con la reparación de un corazón roto, por lo general se verá retribuido no solo con amor, sino con agradecimiento, que muchas veces crea nexos tan fuertes que perduran toda la vida.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

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