RINCÓN del TIBET

Abriga mi alma con un ultimo abrazo tuyo, solo eso quiero

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Solo quiero un último abrazo tuyo… de esos que abrigaban mi alma y quebraban mis miedos

Las despedidas no son sencillas, el estar conscientes de que por la situación que sea no veremos más a esa persona especial que nos abrigaba, nos genera un vacío interior que difícilmente logramos llenar.

El saber que no contaremos más con el afecto que nos abrigaba de una persona a quien valoramos, que no tendremos a disposición esa mirada que nos cautivaba, que nos refugiaba, que no escucharemos más palabras pronunciadas por quien de una forma u otra nos llevaba a un sitio aislado, en el cual todo estaba bien, que no contaremos con esos brazos en los cuales sentíamos que el mundo podía desvanecerse y sin embargo, nada más importaba, todo estaba en pausa, todo dejaba de doler… Definitivamente hace que la vida se torne en tonos grises, cargados de melancolía y añoranza.

Muchos pensarán que la perdida de esos privilegios solo podría manifestarse en presencia de la muerte… Pero lamentablemente no es así, tristemente la vida nos coloca en posiciones en las cuales debemos despedirnos de quienes amamos, sin necesidad de que partan de este plano, solo parten de nuestra vida y con ello nos parten el corazón.

Ciertamente todo se supera y nadie es indispensable en la vida de alguien más, pero sí hay personas irremplazables, personas con quienes tenemos una conexión que no abriga y no sabemos entender muy bien, pero van más allá de lo físico, de lo tangible y la ausencia de esa persona nos debilita y nos hace apagar esa llama en nuestro interior.

La despedida es algo para lo que pocos estamos preparados, muchas veces sabemos que son necesarias, pero difícilmente logramos estar listos para la ejecución de la misma. Abrazar a alguien y saber que será por última vez nos ahoga palabras en la garganta, nos hace querer cambiar todos los escenarios para que ese momento no esté ocurriendo. Pero nos quedamos sin opciones y solo podemos tratar de tener la suficiente entereza para no derrumbarnos, para no flaquear, para no pedir una reconsideración, porque siempre en estos casos, sabemos que lo que está ocurriendo es la única opción.

Nos separamos, nos dejamos de abrigar, nos dejamos de leer, nos dejamos de ver, pero difícilmente nos dejamos de sentir, así sea a través de la distancia, sabremos inclusive cuando esa persona esté despierta, cuando esa persona nos extrañe, cuando esa persona quiera echar por la borda todos los argumentos que nos separan y pensamos que ojalá en algún momento las ganas de estar juntos sean más fuertes que lo que hoy nos separa.

Por: Sara Espejo

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