RINCÓN del TIBET

Una crianza irrespetuosa genera daños

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Daños generados por una crianza irrespetuosa

Hablar de la crianza de un niño es un tema muy delicado, que puede herir la susceptibilidad de todos los que puedan tener un rol importante en la formación y crecimiento de un pequeño.

Todos habremos escuchado hablar del rango de edades en la cual la estructura emocional del niño adquiere forma determinante, normalmente desde que nacen hasta los 7 años de acuerdo a diferentes estudios. Sin embargo, podemos entender que la infancia e inclusive la adolescencia representan etapas que marcarán positiva o negativamente a cada individuo en términos generales por el resto de sus vidas.

Entendamos a un niño como una personita que aun cuando presuntamente viene con más conocimiento y nivel de consciencia que cualquier adulto, se someterá a un proceso de adaptación, de reconocimiento, de aprendizaje y será altamente receptivo a lo que ofrezca su entorno.

De acuerdo a la crianza en el hogar el niño aprenderá a amar, a recibir a amor, se formará una imagen de él de acuerdo a lo que le rodee, por lo que el trato a un niño debe ser lo más delicado posible, procurando siempre que su autoimagen sea lo más favorable, ya que lógicamente cada individuo podrá modificarla con el paso del tiempo, pero cuesta muchísimo trabajo desligarse de lo aprendido para sustituir una información por otra, aun cuando resulte más conveniente.

Los adultos que son parte de la crianza de un niño deben entender su rol y deben entender las diferentes etapas del niño, además de los recursos que tiene una persona en formación para expresarse, para canalizar sus emociones, para entender y para obtener un criterio propio.

Produce gran dolor e impotencia ver acciones de adultos inconscientes en la crianza de un niños, cuando sabemos que esas acciones van a marcar de manera importante la vida de esa personita cuando crezca.

A los niños hay que tratarlos con respeto, el hecho de que tengan corta edad no los hace individuos de segunda, de hecho hay leyes especiales para protegerlos. Aunque normalmente cuando más necesitan de esas leyes más ausente se torna el sistema al respecto. Los niños son esponjas, aprenden muy rápido, absorben todo de su entorno y sus filtros son escasos, no saben qué les conviene y qué no.

Si como adultos muchas veces nos cuesta ser empáticos y entender algunas reacciones de quienes nos rodean, pongámonos en el lugar de un niño que no entiende el estrés de los padres cuando le gritan, muchas veces de manera injustificada, ellos asumirán este tipo de acciones como desamor, ni siquiera falta de aceptación, de tolerancia e inclusive de respeto, sino como desamor y un niño que no se siente amado por su núcleo, crecerá con estas carencias y será un adulto a quien muy probablemente le cueste relacionarse sanamente.

Los niños maltratados o irrespetados por lo general no se adaptan bien a la vida en general, no solo a sus relaciones, presentan una rencilla y un resentimiento de su infancia, asumen roles de víctimas, quieren vengarse a través de otros, viven desde el miedo, la dependencia emocional y la sensación de que son poco merecedores de respeto y amor. En los mejores escenarios identifican sus problemas y buscan perdonar y sanar, pero en la mayoría viven vidas frustradas e inclusive repitiendo patrones que le hicieron mucho daño, sin ni siquiera conocer que hay muchas otras maneras más sanas de amar, relacionarse y vivir.

Aprendamos a amar y a cuidar a esas personas que crecen cerca de nosotros, si son nuestros hijos con más motivos aún. Tengamos sentido común y entendamos que los niños son como estrellas con su propia luz, pero que los maltratos, los juegos pesados, los abusos, el no dedicarles tiempo, el ignorarlos, los van apagando y se convierten en esos adultos que normalmente criticamos y que muchas veces nosotros mismos somos, sin ni siquiera darnos cuenta.

Si tienes la dicha de ser responsable de la crianza de un niño, que no le quede duda de que haces lo posible por ofrecerle lo mejor, que te esfuerzas cada día por mantener su vida como un hermoso cuento, que lo respetas y lo entiendes. Que eres capaz de hablarle chiquito para consentirlo y también serio para hacerle entender algunas cosas, pero que en todo caso, incluso cuando estás molestos el amor prevalece… Que ese niño se convierta en un adulto que no tenga que recuperarse de su infancia.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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