Todos tenemos a alguien que no tenemos

Con este juego de palabras muchos nos sentimos identificados y pensamos justamente en esa persona que sentimos tan nuestra, pero que por un motivo y otro no tenemos acceso a ella.

El tener solo es una creencia, pero cuando una persona ocupa un lugar en nuestro corazón, de una forma u otra, sentimos que nos pertenece, queremos abrazarle, tomarle de la mano, mirarle a los ojos y solo hacerle ver que forma parte de nuestras vidas, de nuestros afectos, que no somos indiferentes ante su presencia y que sin duda una parte de ella la llevamos con nosotros.

Cuando esa persona deja de estar con nosotros, tras cualquier tipo de separación, inclusive luego de la más radical de todas, llamada la muerte, podemos sentir ese espacio cada vez más perteneciente a quien ha dejado de estar. Son nuestros recuerdos con los que nos llenamos, es la búsqueda en otros rostros, en otras voces, en algunos lugares, hasta en algunas canciones, la que nos llena esos espacios vacíos, que nos ayuda de alguna manera a no sentirnos tan solos, a no extrañar tanto… Aunque en algunas ocasiones, sean esas mismas cosas los detonantes de crisis de añoranzas.

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Aprendemos a vivir sin esa persona, nos llenamos de fe, convenciéndonos y creyendo en aquello que se ajuste más a lo que queremos que ocurra, para que en algún momento esas almas se vuelvan a tropezar, sin poder garantizar nada, sin poder esperar mucho de algo tan desconocido, pero con fe en que el amor no puede acabar en este plano, que eso tan fuerte no puede ser definido por el tiempo y el espacio, sino que trasciende por aquello que llamamos dentro de nuestra ilusión: eternidad.

Tampoco importa mucho si ese amor aún camina por este plano, si no lo podemos abrazar, también es una especie de muerte, quizás más dolorosa aún, el saber que está, pero no para nosotros, no como queremos, nos frustra, nos apaga, nos seca, pero muchas veces no mata al amor.

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Conservemos en nuestro corazón, todo lo que nos nutra, que nos permita sonreír, el amor nunca debe hacernos entristecer, a pesar de la añoranza, el amor siempre nos enriquecerá. Es la energía más pura y poderosa con la que contamos y a través de la cual nos podemos unir de manera permanente, aun cuando no logremos entender que las uniones verdaderas no necesariamente requieren de la presencia de quienes se unen.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet