Si el precio por ser amado es la humillación, es demasiado costoso

Lamentablemente es común observar situaciones en la que la dignidad se pierde en caída libre por conquistar o tratar de mantener un amor, sin que sea notorio que mientras más se ruegue, se mendigue y se humille por amor, menos amor se inspirará, se perderá el respeto, se perderá el deseo, en caso de que haya alguno, de acercarse y se dará la sensación de seguridad, de poder ir, volver, hacer y deshacer y contar con certeza con que la otra persona estará allí, dispuesta, lista, para ofrecer el amor que tiene guardado.

Pero en caso de darse ese acercamiento no será por los motivos adecuados, será luego de haber experimentado, de haber agotado las opciones, será por lástima, será por oportunismo, pero rarísimas veces por amor.

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Ninguna situación merece nuestra humillación, inclusive en los casos en los cuales sintamos mucha culpa, sintamos gran responsabilidad por haber alejado a la persona que queríamos de nuestro lado, no tiene sentido la humillación. No se trata de orgullo o de no poder reconocer nuestra responsabilidad, claro que podemos hacerlo, pero siempre manteniendo nuestra dignidad.

Nadie nos amará si nosotros mismos no lo hacemos, nadie nos respetará si nuestras acciones van orientadas a soportarlo todo, a convertirnos en la alfombra para que otro pase, si no sabemos establecer límites.

No podemos obligar a nadie a que nos ame o quiera estar a nuestro lado, puede resultar muy doloroso tener que tragarnos todo el amor que podríamos darle alguien, pueden asfixiarnos las ganas de hacer las cosas bien estando con alguien, pero esto no puede empujarnos a rogar por amor, a presionar, a manipular, a hundirnos en niveles de donde nos costará salir.

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Debemos aprender a reconocer cuándo ha sido suficiente. Es cierto que en el amor se vale todo, pero no podemos poner el amor por otro sobre el nuestro, esto no se vale y no es sano, nunca dará como resultado algo de lo cual nos sintamos orgullosos. No es grato estar con alguien por el cual decidimos perdernos a nosotros mismos, quizás si obtenemos algún resultado que consideramos positivo, este se desvanecerá cuando entremos en razón y nos demos cuenta de que no era necesario, que por nadie debemos humillarnos y que si ése fue el costo, muy probablemente esa persona no nos merecía.

A partir de allí se generarán resentimientos, necesidad de compensación, etc. Lo cual nos hará vivir en una relación insostenible. Esto partiendo que la humillación arrojó ese resultado… Sin embargo, lo mejor que nos puede pasar la mayoría de las veces, en caso de que perdamos un poco el rumbo es que nuestras súplicas no sean escuchadas y podamos dirigir nuestras energías a alguien que lo merezca, que nos ame sin necesidad de arrastrarnos por ello, o bien podamos estar solos dignamente.

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En definitiva somos responsables de lo que decidamos hacer, pero cuidemos siempre nuestros recursos y sobre todo nuestro amor propio, si lo perdemos en el camino, nos enfrentaremos a la reconciliación más dolorosa de todas.

 

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Hoy elijo ser mi prioridad: hoy elijo ser feliz

Tratamiento del merecimiento. -Louise Hay

No hay cosa tan cara como la que con ruegos se compra

En la vida siempre pueden los que creen que pueden