Los inteligentes hablan desde la cabeza y los sabios desde el corazón

Ciertamente las personas con menos conocimiento de sí mismos, menos empatía y menores recursos para expresarse tienden a hablar desde el impulso, por lo general no son capaces de escuchar el mensaje que reciben y se limitan a responder solo de acuerdo a lo que quieren expresar sin mayores consideraciones.

Aquellos con un poco más de manejo de sí mismos, logran establecer una conexión interna que les permite pensar entes de expresarse, son capaces de realmente escuchar y de decir lo que resulte más conveniente de acuerdo a su criterio ante determinada situación.

Niña con conejo

Pero aquellos que han podido entender el lenguaje de su alma, dan cabida a escuchar desde su alma y desde su corazón son capaces de responder, son capaces de ver el bien en el mal, de rescatar aspectos positivos, de justificar palabras, ser compasivos y aportar desde su esencia lo mejor no solo para ellos, sino para todos los involucrados en sus palabras pronunciadas.

La empatía, la comprensión y la compasión, van por lo general alejadas de los juicios y las críticas, van más bien de la mano con emprender acciones que sumen, que colaboren con mejores espacios, mejores relaciones y en resumidas un mejor mundo. Esto no se logra a partir de la mente, sino a partir de nuestro corazón, desde donde reina la nobleza y las ganas de dar lo mejor de nosotros.

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Nuestras palabras son muy importantes, no solo por el contenido energético que llevan, sino por el efecto que tienen sobre quienes las escuchan. Ellas son una muestra de lo que contenemos en nuestro interior, por lo que debemos ser lo más cuidadosos posibles en los mensajes que salen de nuestra boca, procurando siempre que ellos estén cargados de honestidad, pero respetando a los demás y siempre cuidando de marcar negativamente a quien los recibe, sino procurando dejar una huella positiva.

Para hablar desde el corazón, necesitamos establecer esa conexión interna, que nos permita escuchar esa parte esencial de nosotros y para ello debemos silenciar nuestra mente, para preparar el espacio donde realmente logremos escuchar lo que nuestra alma nos dice, ella siempre intentará hacer de nosotros lo mejor, procurará trazar el camino que más nos convenga, ella estará buscando la manera de manifestarse y solo dependerá de nosotros escucharla.

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Aprendamos a guardar silencio, sin que eso nos perturbe, es en esos espacios donde nuestra esencia suele manifestarse y desde allí sabremos comunicarnos desde nuestro corazón.

Por: Sara Espejo -Rincón del Tibet