Y quizás en algún momento te des cuenta de que debes alejarte de algunas personas, aunque las ames

Nuestros afectos de alguna manera definen una parte de nosotros, nos alimentan de cosas que nos nutren, pero también pueden proveernos de mucha chatarra, algunos de ellos pueden irse a extremos tan nocivos, que terminamos recibiendo de ellos, lo que más daño nos hace.

Cuando algo nos hace sufrir, somos nosotros quienes debemos tomar acciones al respecto, resulta en demasiada irresponsabilidad, delegar en otro, lo que a nosotros nos genere paz o bienestar. Afortunadamente tenemos ese control en nuestras vidas, desafortunadamente no siempre sabemos utilizarlo.

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Solo nosotros decidimos cómo nos afectan las acciones de alguien más, si sabemos filtrar y quedarnos con lo mejor, quizás nunca debamos tomar acciones radicales relacionadas con alguien más. Sin embargo, cuando somos muy vulnerables y sensibles ante las acciones de otros, debemos ser un tanto más proteccionistas con nosotros mismos.

Alejarnos de alguien que no nos hace bien, es válido, más no necesariamente sencillo, especialmente cuando existen sentimientos de por medio. Algunas veces una distancia física no será viable, pero al cambiar en nuestra mente los parámetros de la relación podemos establecer una distancia emocional que bastará para evitar que una relación por un motivo u otro nos afecte negativamente.

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Algunas veces estamos tan sumergidos en la pena, en la incomodidad, que no sabemos cómo salir de una situación, tenemos tanto nivel de compromiso, que se nos hace imposible plantearnos el poder alejarnos de aquello que de alguna manera nos está perjudicando. Normalmente será el amor el principal impedimento, derivando de él algunas de sus formas distorsionadas como la culpa, la manipulación, la necesidad, los apegos, la necesidad de sentirse parte de algo o de alguien.

Pero basta con que nuestras alarmas se activen para nos hallemos intentando encontrar la salida, porque previo a este punto hay una especie de hipnosis, donde no identificamos con claridad qué ocurre, el malestar puede ser constante o irse incrementando, tan paulatinamente que no lo notemos, o bien puede tener tanta historia como nosotros acá y sencillamente asumirlo como parte de nuestra existencia.

Vinimos a este plano a aprender a evolucionar y las relaciones serán nuestros espejos y siempre las que sean de mayor nivel de confrontación nos dejarán las lecciones más grandes en relación a nosotros mismos, pero no podemos confundir el ver una lección con pagar una penitencia. Debemos ser conscientes de esa interacción y a partir de ella sanar en nosotros las heridas y continuar, seguir adelante y esto implica muchas veces dejar atrás a esas personas que aunque pudieron habernos enseñado mucho, a través de diversos mecanismos, ahora no deben tener mayor influencia en nuestra vida.

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Démosle prioridad y entrada a nuestras vidas a quienes nos nutran de cosas positivas, a quienes con solo recordarlas, nos hagan sonreír, parte de nuestro propósito es amar y ser amados, y para ello debemos comenzar por amarnos a nosotros mismos. Un de las mayores muestras de ese amor propio, es alejarnos de todo lo que nos dañe y no permitir que nos afecte más.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet