El cariño verdadero, el amor incondicional, no es tan sencillo de encontrar. Normalmente lo que los demás sienten por nosotros va atado a nuestras acciones. Podemos ser afines con alguien, podemos haber procurado el bien a sus vidas, pero ello no garantizará que cuando actuemos de una manera poco apreciado por otra persona que dice tener sentimientos hacia nosotros, los mismos se mantengan.

Amor incondicional

El amor verdadero es incondicional, no tenemos que hacer nada para mantenerlo, tampoco lo podemos perder, solo nace y permanece para siempre. Esto suena hermoso, pero realmente llegar a sentir ese tipo de amor, no es lo común.

Lo más cercano a ello podría darse de en el amor maternal, donde no importa lo que haga ese ser que nació de ella, el amor sobrepasa la tolerancia, las expectativas, los errores y siempre está allí, disponible.

Pero el resto de nuestras relaciones los sentimientos suelen estar condicionados. Mientras te comportes de una manera que a mí me satisfaga, yo te amaré, cada cosa que no esté dentro de lo que deseo para mí, hará que el amor se pierda un poco, incluso hasta llegar a desaparecer.

Por eso cuando desde mi punto de vista, te quiero o te amo, cuando pienso que no te lo mereces, le estoy dando paso a lo más real del sentimiento y me acerco a mantenerlos a pesar de lo que reciba a cambio.

Podemos querer de manera incondicional, pero un sentimiento jamás debe hacer que pasemos por encima de nosotros mismos. El querer a otro no debe ir nunca en contra de nuestro amor propio. Si algo me lastima, si algo no me hace bien, yo tengo que ser responsable de hallar los mecanismos para limitar o cambiar al menos el efecto de lo que otra persona hace sobre nosotros.

Inspirar cambios

No podemos cambiar a los demás, porque ningún cambio que venga de afuera puede ser real y menos se podrá sostener en el tiempo. Pero sí podemos inspirar y sobre todo establecer los límites que sean necesarios para proteger nuestra integridad y nuestro bienestar.

¿Por qué puedo yo asumir que en algún momento a quien quiero, no merece ese querer?

Porque está saliéndose de los parámetros en los cuales me siento bien, me siento a gusto, me siento parte importante de su vida, porque está violando límites, porque sus acciones no corresponden a lo que yo quiero que haga o no me está tratando como siento que me merezco. En todo esto hay un componente subjetivo, lo cual hace del amor un premio.

El amor es la energía creadora, está allí lo entendamos o no, es la base de nuestras relaciones, de nuestra existencia misma y solemos confundirnos con elementos que caracterizan a nuestro ego, en lugar de nuestra verdadera esencia.

El amor no muere

Luego, amar a los demás lleva consigo el entender que todos cometemos errores, que unos pesan más que otros, pero que inclusive cuando decidimos apartar de nuestro camino a alguien que ocupa un lugar en nuestro corazón, el amor no debe morir.

No vamos a lograr cubrir todas las expectativas de alguien, pero eso no nos hace menos merecedores de amor. Todos merecemos que nos amen, que nos cuiden, que nos cubran cuando tenemos frío, con toda nuestra oscuridad merecemos la luz del amor en nuestras vidas.

Y quien realmente nos quiera deberá aprender a ver en nosotros a seres integrales, con virtudes y defectos, con aciertos y equivocaciones y así, mostrándonos como somos, en proceso de aprendizaje, decidir amarnos. Porque amar cuando mostramos lo mejor es sencillo, el verdadero reto es que mostremos eso que al otro no le agrada o le lastime y nos siga amando.

Por: Sara Espejo – Rincón del tibet