En este tránsito marcado por el Coronavirus, hay quienes se han visto obligados a distanciarse bien porque cada uno tenía su propio espacio, porque por algún motivo se encontraban diferentes países y se quedaron aislados o bien porque alguno presenta síntomas y se encuentra en condición de cuarentena.

Lo cierto es que una situación como la que estamos viviendo no es familiar para nadie y puede generar mucha incomodidad el encontrarnos en medio de todo lo que vivimos aislados de nuestras parejas.

Lo bueno es que siempre hay al menos dos maneras de llevar una situación, básicamente con y sin drama o con una buena o mala actitud.

Evidentemente optaremos por la mejor manera, teniendo en cuenta de que tendremos días de días. Tendremos días en que las cosas fluirán fácilmente, que la distancia no se sentirá y hasta se preferirá, mientras que tendremos otras en los que nos veremos atacados por la incertidumbre, queriendo cambiar la realidad y necesitando esos brazos y esa cercanía que normalmente representan nuestro refugio.

Afortunadamente hoy en día contamos con unos mecanismos de comunicación que nos hacen sentir cerca a pesar de los kilómetros de distanciamiento. Es el mejor momento para hacer uso de ellos, de los chats, de las redes sociales, de las llamadas, de las videollamadas, de las galerías de fotos que le recuerdan a nuestra mente cuál es la normalidad, qué recuerdos podemos traer a nuestra mente para sentirnos reconfortados e inclusive esa nota de voz que nos gustó tanto y podemos escuchar cuando buscamos sonreír.

Las parejas son para apoyarse, para entenderse, para darse ánimo y este momento nos invita a procurar estar presente en la vida del otro aportándole razones para extrañarnos, para echarnos de menos. Cuando intentamos darle color a la vida de alguien a quien amamos, nuestros grises se disipan y aunque no lo hagamos con esa intención, estamos también llenando nuestra vida de alegría.

Hay cosas que no podemos cambiar y de nada nos sirve lamentarnos o torturarnos con la realidad de lo que atravesamos, es así. Estamos en una condición particular, que en muchos casos nos ha obligado a estar distanciado de quienes más amamos. Y en todos los casos, no solo en los casos de las relaciones amorosas, hay que aprender a estar en la distancia.

Distancia

Habrá días en los que nos sintamos más fuertes para apoyar al otro y habrá otros en los que necesitemos que nos apoyen y nos den contención. Este momento se presenta como un reto para todos y para las parejas distancias como consecuencia, más aún.

Si queremos mantener una relación, aprovechemos de sembrar lo que nos gustaría cosechar luego de que esto pase. No demos el amor por sentado, no nos guardemos algo que pueda hacer sentir bien al otro, porque ya es bastante la distancia, como para ser mezquinos con lo que entregamos.

A fin de cuentas no sabremos qué pasará mañana, demos hoy lo que esté a nuestro alcance dentro de las posibilidades. Inclusive es un buen momento para poner nuestros sentimientos en la mesa, nuestras expectativas, evaluar a dónde queremos ir y si esa persona que hay se encuentra lejos es quien puede acompañarnos en el resto de este viaje.

Evidentemente también es un buen momento para pensar cómo podemos fortalecer nuestra relación, qué podemos mejorar y cómo podemos acercarnos a ser lo que en nuestra mente es una pareja ideal.

Esta situación puede sacar lo mejor y lo peor de cada uno. Debemos ser capaces de ser empáticos y evitar juzgar, esto no es sencillo y cada uno está haciendo lo que puede con sus recursos y sus posibilidades.

Lo que nos queda es apoyarnos y cuidarnos, en la distancia, si así nos ha tocado y esperar que esta experiencia nos haga más fuertes, como personas, como parejas, como habitantes de este mundo que ahora se toma un descanso de nosotros. No sacar provecho de esto y pretender volver siendo los mismos, es sin duda un gran desperdicio… Y mientras volvemos, que el amor sea nuestro mejor soporte y nuestra mayor esperanza.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet