RINCÓN del TIBET

Quiéreme cuando menos lo merezca…

quiéreme

Quiéreme con mi luz, quiéreme con mis sombras…

Quiéreme cuando todo está bien, cuando las cosas marchan de acuerdo a nuestras expectativas y todo encaje en nosotros, consideremos que nos hace felices, es sencillo, es grato. Pero quiéreme también comienzo a mostrar esa parte de mi, que no te agrade, es cuando el afecto y cuando el amor se ve condicionado.

Siempre vamos a merecer amor incluso cuando no actuemos de acuerdo a las expectativas de los demás, o de nosotros mismos. Lo que puede estar en cuestionamiento será la aprobación de algunas de nuestras acciones, decisiones o comportamientos.

Hay acciones a través de las cuales dañamos a quienes nos aman, pero muchas veces no las cometemos con esa intención, lo cual no aligera las consecuencias, sin embargo abre paso a la mirada a través de los cristales de la compasión, de la empatía, del entendimiento… del amor.

Cuando vemos al otro desde el amor, se nos hace un tanto más sencillo no tomarnos las cosas a título personal y entender que todos estamos transitando un camino con fines medianamente similares, en donde estamos en posición de hacer daño a nuestro paso, voluntaria o involuntariamente.

A veces no medimos las consecuencias hasta que vemos el montón de vidrios rotos y la sangre alrededor. No somos capaces de prever daños y de actuar de una manera que nos ayude a preservarnos a nosotros mismos y mucho menos a quienes están cerca, en especial los que nos quieren.

Quiéreme, cuídame… 

Aprender a amar y a cuidar en simultaneo, muchas veces requiere tiempo y experiencia, requiere poder ver más allá de lo evidente y permitir que la luz trascienda más allá de la situación que podemos estar afrontando y que no necesariamente resulte de nuestro agrado o vaya acorde a nuestros ideales.

Evidentemente no nos vamos a quedar en ningún sitio, ni junto a ninguna persona que nos imposibilite nuestra felicidad, nuestra paz, que aunque son factores netamente internos, muchas veces son frágiles a la influencia externa.

Amar a otros es una de las cosas más enriquecedoras y que más lecciones lleva consigo. Sin embargo, el amor que sentimos por otro, jamás debe superar el amor que sentimos por nosotros mismos. Si bien una buena demostración de afecto es estar para el otro, incluso cuando esa misma persona no logra ni encontrarse, no podemos exponernos de tal forma que comprometamos por un período prolongado nuestro bienestar o bien renunciemos a lo que consideramos nos merecemos, por pensar más en el beneficio del otro que del nuestro.

Parte de tu plenitud

Debemos procurar amar desde la independencia emocional, desde la plenitud individual, así cuando nos veamos en alguna situación que exija de nosotros hacer una revisión de lo que sentimos por el otro, estemos claros de que si nos quedamos es porque queremos y consideramos que el nexo y el amor son superiores a cualquier situación y no porque no nos valoramos lo suficiente como para sentir que lo que vivimos debe estar alineados con lo que sentimos merecer.

Amar la parte oscura de alguien es todo un riesgo, porque esa parte oscura es impredecible y tiene altas probabilidades de dañarnos. Pero sin duda es lo más cercano que podemos estar de amar de manera incondicional, que debería ser la única manera de amar.

Amar es poder desearle al otro lo que él mismo desea para sí. Incluso cuando nosotros tenemos lo que consideramos un mejor plan para esa persona. Soltar las expectativas y permitir ser y estar tan cerca como el amor mutuo y propio lo permita, respetando lo que cada quien es, es parte de lo que venimos a aprender… A amar y a ser amados.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

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