Nada más sano que la reciprocidad, sin que ello represente que estamos dando con el fin premeditado de recibir, pero sí que estamos en una relación en al cual nos nutrimos el uno al otro.

Muchas veces se nos va la vida teniendo como foco de nuestra acciones a personas que no nos valoran y que incluso, solo dicen presente para disfrutar de algo que podemos ofrecerles, para endosarnos de alguno de sus problemas o bien se acercan cuando sus primeras opciones no están disponibles.

Es conveniente aprender a valorarnos, porque de ello dependerá lo que otros nos ofrezcan. No se trata de aparentar que llevamos una sana relación con nosotros mismos y hacer una simulación de que no estamos disponibles, no. Se trata de realmente cuidarnos y respetarnos y decidir de manera consciente darle espacio en nuestras vidas, en especial en nuestros corazones a quien realmente desee aportar algo positivo a nuestras vidas.

El merecimiento es un factor clave

Debemos tener claro qué es lo que nos merecemos, o más bien reforzar ese sentimiento de merecimiento, entendiendo que cada ser humano debe ser valorado y respetado. Si nosotros sentimos que no merecemos mucho, sino migajas, lo que a alguien le sobra o que las personas que se nos acercan no tienen que hacer gran cosa para cubrir alguna de nuestras necesidades afectivas, pues atraeremos al tipo de personas que encaja en ese perfil.

Cuando nosotros cambiamos los parámetros inadecuados en cuanto al merecimiento, alguna de las millones de personas que habitan en este planeta va a sentirse atraído por esa nueva energía que irradiamos y encontraremos allí un espacio en donde una relación sana y recíproca tenga lugar.

Esto no aplica solo a relaciones amorosas, aunque éstas por lo general representan un punto crítico. El merecimiento va a determinar mucho de nuestras vidas, cómo interactuamos con los demás, qué límites establecemos, los trabajos que tenemos, las oportunidades que tomamos, todos estos factores son sensibles a nuestro auto-concepto y lo que tenemos preconcebido que merecemos.

Establece nuevas prioridades

No solo se trata de que te importe quien te aporte, sino que puedas ser capaz de comenzar esa lista por ti, que seas tú la primera persona en tu lista de prioridades, quien más le aporta a tu vida y quien más te importa y que luego vengas los demás.

No se trata de ser egoístas, se trata de entender que todo en la vida comienza por nosotros mismos y que el principal compromiso que debemos asumir desde el corazón es hacia nosotros. Luego que vengan los demás, atraídos por un yo fortalecido y capaz de dar desde su esencia y su abundancia, no a esperar desde su carencia.

Muchas veces dar un vuelco a nuestras vidas y dejar de pensar primero en los demás para colocarnos nosotros en esas posiciones puede resultar cuesta arriba. Pero debemos entender que nadie va vivir nuestra vida por nosotros, nadie es feliz por otra persona, ni se muere o se enferma ocupando el lugar de otro. Todos vinimos a vivir una vida plena, llena de satisfacciones y si no estamos alineados con eso, será mucho el sufrimiento que cargaremos a lo largo de nuestras vidas.

No tengas miedo a quitar de tu paso a quien no te valora, eso es parte de amarte a ti, eso es el inicio de una mejor relación contigo y una muestra de que te estás respetando y de que ya no ocuparás tu corazón con personas oportunistas, interesadas o que sencillamente no sean capaces de reconocerte o aportarle algo positivo a tu vida. Los cambios deben surgir de ti y como una ola expansiva tocarán a todo lo que esté en contacto contigo y esos cambios ¡te encantarán!

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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