Nuestros Amores: Afinidad vs preferencia

 

…de la afinidad…es de ella el deber, de poner siempre juntas todas las causas que han de producir todos los efectos, con precisión matemática, de peso, medida y tiempo.

Joaquín Trincado

La llegada de los hijos trae consigo el renacimiento en nosotras de esa ley madre de amor que vive en cada ser humano y que se expande con cada ser que sumamos a nuestra alma.

Comúnmente escucharemos a una madre decir que ama a todos sus hijos por igual, no cabe duda de que es así, pues sea cual sea el ego predominante en cada hijo, no deja un segundo de ser amado profundamente, considerando además que hasta el odio representa el grado más bajo de amor.

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¿Qué ocurre madres en cada una de nosotras y todas aquellas madres que tienen más de un hijo o sobrinos o nietos, cuando cuestionamos nuestro sentimiento, cuando internamente sentimos y percibimos que tenemos un hijo, sobrino o nieto preferido?…, nadie habla de esto, siempre responderemos negativamente cuando se nos acusa de tener un hijo, sobrino o nieto preferido, nos sentiremos impresionadas y ofendidas, cuando en muchas oportunidades el verdadero sentimiento es el de sentirnos descubiertas.

Pues para aliciente de muchas, es necesario entender que no es lo mismo afinidad a preferencia. Cuando hablamos de preferencia estamos señalando ventaja o predominio de algo sobre otra cosa o persona…es una elección entre diversas alternativas…, en cambio cuando nos referimos a afinidad, estamos hablando de compatibilidad; implica proximidad, analogía o semejanza y podemos sentirla o compartirla con un individuo o con varios.

Para una madre es imposible no sentir amor, ternura y compasión por sus hijos, el amor materno es innato en la mujer así esta no llegue a consumar el hecho de ser madre, por elección o por condición. No se puede someter a una madre al terrible acto de tener que escoger entre alguno de sus hijos, pues cada uno lleva en sí una parte de su alma fundida a la suya propia y ha sido causa plena de la expansión de su amor, de allí que en tanto más hijos se tienen más se expande el amor en cada madre y esto puede percibirlo cualquier madre que tenga un solo hijo al menos, que desde el preciso momento en que se hizo madre, siente y padece el sufrimiento de cualquier niño en el mundo.

AFINIDAD

Hay un dicho muy conocido “cuando se tiene un hijo se tienen todos los hijos del mundo”, si vemos más allá de la letra de este dicho, si observamos y miramos hondo, haremos consciencia de lo que lleva implícito. No es el acto de concebir, no es camino transitado durante el embarazo, no es el acto del alumbramiento, ni la crianza, ni los sacrificios…, es esa consciencia que despertó en nosotras desde el instante en el que supimos que seríamos madres, esa consciencia que da cabida a la fuente inagotable del amor materno. Desde ese día, somos más sensibles y susceptibles al sufrimiento de otros niños, logramos sentirlos como propios y nos solidarizamos con todo aquel que asuma la responsabilidad de criar un hijo, propio o ajeno.

Pero volviendo al dicho citado, ocurre algo curioso, la mayoría de las veces no profundizamos en el verdadero sentido de esta frase, cuando se tienen todos los hijos del mundo se les ama por igual, no inculcamos competencias falsas, desigualdades, conceptos de “ser mejor que”, no promovemos comparaciones ni necesidad alguna de dominación entre ellos. En cada hijo es preciso sembrar la humildad, la solidaridad y la razón ante cualquier decisión; cuando llegamos a comprender que cualquier acto que emprendemos desde el amor siempre será una decisión correcta, entonces habremos recorrido gran parte del camino.

No eres tú Soy Yo

Si tenemos la misión y responsabilidad de trasmitir esto a nuestros hijos del mundo, es necesario entender de afinidad y jamás confundirlo con preferencia y menos aún inculcar esto en ellos. Eligen jugar con un niño y no con otro por afinidad, porque comparten gustos, pensamientos, se identifican; duermen con papá y no con mamá por afinidad; pelean menos con un hermano que con otro por afinidad.

La afinidad hacia cada uno de nuestros hijos establece relaciones diferentes con cada uno de ellos, de allí que sintamos que el trabajo que hacemos es tan simple con unos y tan cuesta arriba con otros, cabría entonces reflexionar: ¿si con uno o algunos de nuestros hijos ya tenemos una afinidad latente, con quien tendríamos que hacer el mayor trabajo?…

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