No se trata de ser sabio sino de reconocer la propia ignorancia

Todos siempre andamos tras algo, nos encontramos en un camino de constante búsqueda, tratando de hallar nuestro sendero, nuestra felicidad, aquello que nos de paz y armonía, que nos complete, que nos explique, que nos toque en lo más profundo de nuestro ser, sentir que hemos encontrado nuestra verdadera razón.

En la amistad y en el amor se es más feliz con la ignorancia que con el saber. William Shakespeare

 

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Muchas de esas búsquedas se orientan a la sabiduría, sabemos que ser sabio no es de muchos, sabio y sin amor no puede haber, así que pasamos la vida creyendo, siendo incrédulos, filosofando, atentos, ajenos, o devotos de cualquier cosa, el caso es que ante nada, la verdadera sabiduría consiste en reconocer la propia ignorancia.

Siempre es más fácil pretender ser sabio, pensamos que la experiencia nos da tal sabiduría, que podemos opinar, juzgar y satisfacernos de los muchos conocimientos que podemos obtener a lo largo de la vida, ojala los títulos educativos dieran tal sabiduría, pero la realidad es otra, puedes verter en tu cerebro miles de libros, investigaciones y conocimientos, pero la verdadera sabiduría viene del alma.

El primer paso de la ignorancia es presumir de saber. Baltasar Gracián

 

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Pocas personas en el mundo se reconocen como ignorantes, la banalidad mundana nos ha llevado a pretender ser muchas veces quienes no somos, se nos obliga a pensar como otros, a repetir y a entender lo que ya es, sin embargo, se anula capacidad de crear, la capacidad de saberse ignorante y de reconocerlo, pues en esta simple aceptación y creencia está la humildad que da la sabiduría.

Reconocer que no se sabe y más aún, saber que no se está por encima de nadie, te hace una persona sin prejuicios, capaz de ser compasivo, de comprender y de entender las situaciones y motivos de los demás, que seguramente los conocimientos profundos y de largos años de estudio te llevarían a juzgar, no es un tema de educación, es un tema de enfoque, de percepción, de apertura y de capacidad de amar.

El ignorante, si calla, será tenido por erudito, y pasará por sabio si no abre los labios. Salomón

 

Muchos dicen que en la ignorancia está la base de la felicidad, pero no por inocencia, sino por vivir ajeno, ajenos a la vida de los demás, anulando las necesidad de interpretarlo todo, de saberlo todo y de sentirnos con el poder de juzgarlo todo, por mucho conocimiento que se tenga en la vida, no somos jueces de nadie, no tenemos ese derecho, no nos corresponde evaluar el proceder de los demás, condenarlos y en muchos casos calumniar al otro.

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La verdadera sabiduría va de la mano con la sencillez, con la simpleza, con esa intuición aguda y sutil que te coloca siempre en el mejor escenario, sabio aquel que puede reconocer su ignorancia ante si mismo y ante los demás, que no se siente más que nadie por más títulos que ostente y que más allá de su sabiduría se abstenga de alardear, por el contrario, siempre sepa reconocer su ignorancia, porque la riqueza de la vida está en cada vivencia y cada persona siempre tiene algo que aportar.

Valora la humildad y la sencillez, la sabiduría está siempre en esas pequeñas cosas que pasan desapercibidas y por más ignorante que te puedan tildar, jamás abandones tu postura, siempre estarás un paso adelante.

 

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