No importa cuánto te ame, si no te respeta, no sirve.

Ciertamente algunos podrán decir que sin respeto no hay amor, sin embargo acá englobaremos al amor verdadero e incondicional y todas las formas que se parecen o al menos quien lo siente, lo asume como tal.

El punto central de esta entrada será el respeto como pilar fundamental de una relación, sin él  cualquier vínculo se vuelve una fuente inagotable de dolor. Cuando no existe respeto por la otra persona con quien sostenemos una relación, tampoco lo existe por nosotros mismos. De hecho y aunque nos cueste digerirlo, las personas que conforman parejas donde el respeto se pierden, tienen ambas problemas por resolver.

Las faltas de respeto van a depender de los acuerdos de la pareja, sin embargo, hay algunos que la mayoría puede agregarlo a la lista en las que clasifican una muestra de falta de respeto:

  • Agredir física o emocionalmente al otro.

  • Ridiculizar a la pareja a solas o delante de terceros.

  • Menospreciar sus sueños, proyectos, actividades, etc.

  • Hacerle sentir incapaz para alguna labor.

  • Mentirle o administrar convenientemente información.

  • Subestimar la inteligencia de la pareja, asumiendo que el engaño es convincente.

  • Burlarse de una nueva oportunidad recibida, repitiendo las mismas acciones.

  • Querer controlar las acciones del otro.

  • No otorgarle al otro la libertad de rehacer su vida.

  • Limitar las relaciones normales e inofensivas del otro.

  • Invadir los espacios de la pareja.

  • Ignorar las necesidades del otro.

  • Evadir la resolución de conflictos, permitiendo que se empeoren paulatinamente.

  • Aprovecharse del amor y la paciencia del otro.

Esta lista puede ser fácilmente alargada, más cuando cada quien ve a través de sus ojos una realidad particular. En todo caso, debemos recordar ¿para qué queremos estar en una relación afectiva? Cuando los motivadores y las justificaciones se olvidan, puede ser que nos quedemos inmersos en una dinámica nociva, sin un propósito real o con un pronóstico que pude diferir de forma considerable, de lo que nos pudo haber llevado a establecer una relación.

Nos podemos acostumbrar a muchas cosas, inclusive a una relación tormentosa, pero debemos recordar que no somos un árbol, no estamos sembrados sin posibilidad de movimiento, por el contrario, tenemos capacidad para mejorar, para establecer límites, así sea de forma tardía en nuestras relaciones, tenemos la libertad de marcharnos si no nos satisface y la posibilidad de hacer una versión de nosotros que no tenga nada que ver con lo que podemos vivir en una relación en donde el respeto se ausenta con frecuencia.

La vida es corta, como para invertirla en relaciones que de alguna manera nos llevan a menos.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet