RINCÓN del TIBET

No hay niño que requiera más atención que aquel que un día fuiste

No hay niño que requiera más atención que aquel que un día fuiste

Muchos de nosotros olvidamos que en algún momento fuimos niños, mientras que muchos más desconocen que es niño aún habita en nuestro interior  y que de nuestro cuido hacia él dependerá muchas de las cosas de nuestra vida.

A nuestro niño interior debemos acobijarlo, debemos cuidarlo, protegerlo, mimarlo, complacerlo y principalmente darle la importancia que merece. Ese niño lleva consigo las cargas que hoy nos pesan, fue él el que recibió las heridas de las cuales con suerte hoy tenemos cicatrices y nuestros esfuerzos deben volcarse a ofrecerle el bienestar que necesita ese niño.

Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan. ― Antoine de Saint-Exupéry – El Principito

 

Nuestra infancia determina nuestra vida entera, lo que percibimos en los primeros años hace de nosotros lo que somos hoy día, muchas cosas buenas de nuestra personalidad, muchas virtudes desarrolladas tienen origen en nuestros primeros años, pero también la mayoría de las cosas negativas de nosotros se forjaron en la misma época, nuestros miedos, nuestras corazas, nuestra desconfianza, son productos de la percepción de nuestra realidad en esos momentos en los cuales nuestras herramientas de comprensión e interpretación eran bastante limitadas.

Hoy en día convertidos ya en hombres y mujeres tenemos la responsabilidad de cubrir a ese pequeño con todo nuestro amor, con toda nuestra atención. Debemos buscar en nuestro interior a ese pequeñín que ha estado esperándonos impaciente, con ojos de incertidumbre, ante la duda si realmente nos percataremos de que él habita en nosotros y que mientras no le dediquemos el suficiente tiempo, mientras no lo ayudemos a sanar, su sufrimiento será parte de nuestra vida presente y por supuesto futura.

Para conectarnos con él podemos hacer varios ejercicios por nuestra cuenta o con la ayuda de algún terapista, podemos cerrar los ojos e imaginarnos a ese niño de la edad que queramos, volver el tiempo atrás en nuestra mente, recrear lo que hacíamos, preguntarle a ese niño lo que le gusta, lo que le atemoriza, lo que le hace llorar… reconocerlo… una vez que conectemos una primer vez, hablándole a través de nuestro corazón, será sencillo volver a hacerlo, reencontrarlo…

Es vital cada vez que lo veamos recordarle que estaremos aquí las veces que él quiera para abrazarlo, para jugar, para complacerlo… Haciéndole saber lo mucho que lo amamos, que lo aceptamos, que no tiene que hacer nada para agradarnos, porque tal y como es, es perfecto.

Tenemos que escuchar al niño que fuimos un día y que todavía existe dentro de nosotros. Ese niño entiende de momentos mágicos. Podemos reprimir su llanto, pero no podemos acallar su voz.  Paulo Coelho

 

Una vez que sanas tu niño interior, tu vida comienza a cambiar, todas tus relaciones comienzan a sanar, porque en su mayoría todas ellas son la invitación a que revises en tu interior lo que hay que ajustar, por eso, encuentra a tu niño y sánalo a través del amor.

 

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Educar a un niño requiere mucha paciencia, en especial por parte del niño

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

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