RINCÓN del TIBET

Nadie se cura a sí mismo lastimando a otros

Nadie se cura a sí mismo lastimando a otros

Muchas veces ante las heridas que venimos arrastrando a lo largo de nuestras vidas, se utiliza como mecanismo de defensa hacer sentir mal a quienes nos rodean. Como si impartiendo dolor el dolor propio pudiese mermar, o como si necesitáramos que los demás sufran por el hecho de que nosotros hemos resultado heridos en algún momento.

Resulta que ni siquiera lastimando a quien nos ha generado dolor encontraremos sanar nuestras heridas, la venganza es un instrumento que no colabora con nuestro bienestar, más bien alarga las penas, nos vuelve fríos, distantes y convierte nuestros pensamientos en nocivos para nuestra vida.

La persona que quiere venganza, debe cavar dos tumbas. ― Anónimo

 

Hemos tratado de explicar en muchas oportunidades que nuestros pensamientos crean nuestra realidad y si de forma consciente queremos resarcir el daño que alguien ha generado en nosotros estaremos atrayendo más y más de este tipo de energía, el dolor no cesará, el sufrimiento se hará permanente y seguiremos atrayendo a nuestras vidas situaciones que continúen haciéndonos daño.

Existe otra posibilidad en cuanto a lastimar a otros por sentirnos heridos, y se aplica de forma aleatoria sobre quienes nos rodean, a veces estamos tan amargados que podemos proyectar a todo nuestro entorno esa necesidad de lastimar. Sin hacernos realmente conscientes de lo que está ocurriendo, solo actuando desde nuestro ego herido, buscando que otros sientan lo que en algún momento nosotros hemos experimentado.

Esto menos tiene la capacidad de sanarnos, por el contrario nos resta la posibilidad de encontrar nuevas oportunidades que nos faciliten reencontrarnos con nosotros mismos y desde ese punto sanar nuestras heridas. Nos aleja de personas que nos quieren, que están dispuestas a ayudarnos o que sencillamente sienten el deseo de permanecer a nuestro lado.

Es normal que por protección lleguemos a formar una coraza, lo que nos sentirá hacernos relativamente seguros ante la posibilidad de una nueva herida, pero en lugar de incrementar ese grosor, debemos retomar la confianza en nuestro mundo, entender que todo lo que nos ocurre nos hace crecer y que la vida se disfruta más desde la desnudez del alma, cuando queremos y confiamos en los que nos quieren.

En todo caso no se debe tomar como hábito herir a quienes se acercan a nosotros, el dolor no se hará menor, por el contrario, nos hará sentirnos culpables por lastimar a quienes intentan vincularse a nosotros y por negarnos posibilidades de construir nuevos vínculos que nos hagan olvidar y sanar a través del amor.

Solo nosotros mismos tenemos la opción de aceptar la vida como es y de llevar nuestras heridas de la mejor manera, favoreciendo su curación, sin guardar las dagas que nos hicieron daño para clavarlas en otros corazones.

 

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