RINCÓN del TIBET

No dejes de decir las cosas importantes, la vida es corta

de decir

La vida es muy corta como para dejar de decir cosas importantes

¿Cuántas cosas no habremos dejado de decir a lo largo de nuestras vidas, dándonos cualquier cantidad de excusas? Aún no es el momento, seguramente no le importará escuchar lo que quiero decir, es muy tarde ya, seguro la respuesta será no, prefiero quedarme con la duda que sentirme rechazado, humillado o avergonzado, no me entenderán, no tiene importancia, puedo lastimar a alguien… Y así, una lista interminable donde podemos hacer encajar nuestro silencio.

La causa principal de porque dejamos de decir las cosas es el miedo, miedo a la reacción de quien debería escuchar lo que tenemos que decir. Normalmente la necesidad de decir algo solo se satisface cuando el mensaje se dirige a quien lo debería recibir, es decir el verbalizarlo con otra persona no resulta suficiente.

Si tenemos algo importante que decir y sentimos miedos y dudas, planifiquemos la mejor manera de decirlo, evitando generar efectos colaterales, perjudicar o herir a alguien, pero no dejemos que la vida se nos pase y nos quedemos con la sensación de que las cosas hubiesen podido haber sido diferentes de forma positiva para nosotros o para alguien más de haber hablado de manera oportuna.

Nuestras ideas, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos no sirven de mucho si no los expresamos, si los reservamos solo para nosotros en un contenedor al que nadie más tiene acceso. Todos los aportes son importantes, nunca subestimemos el valor de lo que queremos decir y nos quedemos con eso entre pecho y espalda. No es tan grave si nos decepcionamos, si nos dicen que no, si no somos correspondidos, lo podemos superar… pero la duda de ¿qué hubiese pasado si…? nos puede hacer la vida a cuadros.

Pensemos optimistamente, pensemos que aquello que queremos decir tendrá el mayor efecto positivo para nosotros y para todos los involucrados, utilicemos nuestras herramientas para decirle primero que todo, no al miedo, no a las dudas, no al silencio que quema y  luego lo que corresponda a quien corresponda.

El silencio es una herramienta poderosa que no debemos subestimar y acá no estamos pretendiendo que verbalicemos sin filtro lo que se nos ocurra, para eso está nuestro proceso de razonamiento, nuestra asertividad y nuestra prudencia. Se invita a no callar todo aquello que consideramos importante y que en definitiva su silencio nos produce daño.

Seamos valientes, que la vida es corta, tengamos fe en que recibiremos lo mejor que la vida tiene preparado para nosotros y no perdamos la oportunidad de plasmar en palabras, lo que en nuestro interior ruega por salir.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

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