La serenidad es una virtud que se consigue con tiempo y esfuerzo. Saber mantener la calma en los momentos difíciles y ante las preocupaciones, es un logro que sólo lo consiguen las personas serenas. Debemos saber qué nos hace perder la serenidad y qué podemos hacer para conseguirla.

¿ Qué es la serenidad ?

La serenidad es sosiego, paz, autocontrol, tranquilidad, calma. Es una actitud sosegada y calmada ante cualquier acontecimiento por contrario o complicado que sea. Es saber enfrentarse a las contrariedades y a la adversidad, sin caer en la desesperación ni en la impaciencia sino manteniendo una actitud reflexiva que permita valorar y ver la magnitud del problema buscando soluciones desde la calma y la reflexión.

Las personas serenas poseen mayor control de sus emociones, no dejan que su estado de ánimo o sus problemas afecten al trato con los demás y mantienen siempre un trato cordial y tranquilo con quienes les rodean. No se dejan llevar por sus sentimientos, permaneciendo siempre calmados, tanto en los momentos o circunstancias que les producen gran exaltación, como en aquellos otros totalmente contrarios, donde predomina el desánimo o la tristeza.

Estas personas no se dejan llevar por los impulsos ni por las prisas, piensan antes de actuar y sus actos son el resultado de pensamientos meditados y ponderados. Mantienen la serenidad en los momentos difíciles y no se impacientan ante situaciones imprevistas. Poseen un gran dominio de sí mismas y también de su entorno, al tener una visión más objetiva de lo que acontece.

¿ La serenidad ante las actitudes de los demás ?

“La calma de nuestro mar no debe depender de los barcos que en el naveguen”

Hay quien no acepta a los demás tal y como son. No soportan sus defectos o carencias y esperan que modifiquen una conducta concreta o que realicen un cambio en algún aspecto de su carácter o personalidad que no les gusta. En caso contrario, no son capaces de mantener con ellos una relación serena y equilibrada. No son conscientes de que siempre hay que contar con algunas limitaciones nuestras o de los demás, y que no aceptarlas, sólo genera sufrimiento y malestar.

Hemos de saber que la serenidad sólo depende de nosotros mismos y de nuestro interior y no de las conductas de otras personas.
Es un error tratar de cambiar a alguien o algo que no es susceptible de cambio o mejora. Lo fundamental es vencer esos pequeños obstáculos que nos irritan o molestan desde nuestro interior y no otorgarle a nadie ni a nada, un poder sobre nosotros que no poseen.
Aceptar a los demás con sus defectos y limitaciones y tratar de entenderlos, es la mejor actitud que podemos mantener ante cualquier persona, además de la más inteligente y respetuosa. Hemos de tener claro que mantener una actitud serena en todo momento no depende de los demás ni de las circunstancias sino de nosotros y de nuestros pensamientos.

¿ Causas que nos alejan de la serenidad ?

Existen algunas circunstancias que nos impiden o dificultan desarrollar la serenidad. Tratar de reconocerlas nos ayudará a superarlas:

Cuando no conocemos los puntos débiles o las limitaciones personales. Debemos distinguir claramente nuestras posibilidades ante determinados objetivos y metas, y no proponernos objetivos inalcanzables, que sólo lograrían un continuo descontento con nosotros mismos y la pérdida de serenidad.

– Cuando no tenemos tiempo o un lugar para estar solos y poder pensar con tranquilidad sobre nuestras preocupaciones y sobre nuestra vida. No podemos poner en orden nuestros pensamientos y eso, no sólo nos hacer perder la serenidad sino que dificulta también nuestra forma de pensar y actuar.

– Cuando tratamos de dar una solución inmediata a los problemas o nos impacientamos ante la espera de acontecimientos que se demoran más de lo previsto. Hemos de tener en cuenta que hay cosas que no dependen de nosotros.

¿ Cómo conseguir ser una persona serena ?

Para llegar a ser una persona serena se requiere tiempo, esfuerzo y voluntad. Veamos a continuación algunas sugerencias para lograr un comportamiento sereno:

– Conocernos mejor. Tener un conocimiento de nosotros mismos lo suficientemente amplio, como para conocer qué situaciones son las que nos hacen perder la serenidad y tratar de evitarlas o saber cómo actuar para no perder la calma.
– El trabajo responsable y bien hecho. La satisfacción personal y la tranquilidad que nos produce el haber realizado nuestras tareas a la perfección a pesar de los contratiempos, de la tensión o del estrés que podamos estar sufriendo, nos produce serenidad.
– Tener pensamientos positivos sobre los demás. Ver lo mejor de cada persona y saber disfrutar de quienes nos rodean respetando y aceptándolos como son.

– Siendo uno mismo, sin fingir un aspecto de nuestro carácter que no corresponde con nosotros y no demostrando afecto o interés cuando no lo sentimos. Debemos también reconocer los errores y equivocaciones que cada uno pueda tener y tratar de corregirlos.
– Procurar descanso físico y una buena alimentación. Aunque no parezca tener relación, todos hemos podido experimentar alguna vez como la falta de alimento, de sueño o descanso cambia el carácter de las personas y las vuelve más nerviosas e irascibles.
– Procurar un entorno ordenado y un orden de valores. Alcanzar la serenidad sin orden es muy difícil ya que puede dar lugar a situaciones de falta de control. Encontrar un objeto que buscamos o terminar un trabajo con rapidez, son situaciones que se verán afectadas por el desorden. Necesitamos orden y organización en nuestra vida, no sólo con los objetos materiales, sino también con respecto a prioridades y valores. Hemos de ordenar nuestras ideas y preferencias para actuar de forma coherente y serena.