La constante lucha entre “si tiene que pasar, pasará” y “si quieres que pase, haz que pase”

Muchos de nosotros habremos escuchado estas afirmaciones u otras con significados similares a lo largo de nuestras vidas, pero lo crucial resaltar es que tomando como referencia las dos frases del título: “si tiene que pasar, pasará” y “si quieres que pase, haz que pase”, podríamos decir que se contradicen entre sí.

Si tiene que pasar, pasará

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Parece invitarnos a la relajación, a esperar quizás pasivamente a que la vida nos coloque justo donde nos resulta conveniente estar, porque a fin de cuentas probablemente nuestra alma tenga muchísima más información de la que nos resulta posible manejar. Partiendo de ello, sería posible que cada experiencia que necesitemos para nuestro desarrollo esté disponible en algún momento de nuestras vidas, sin que ello requiera un gran esfuerzo.

Si quieres que pase, haz que pase

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Ésta por el contrario parece decirnos, ¡ve tras lo que quieres! No te quedes esperando que las cosas ocurran, tienes todo lo que necesitas para alcanzar aquello que deseas. Las limitaciones solo radican en nuestra mente, si logramos acotarlas estaremos avanzando a pesar de los obstáculos que nos encargamos de creernos. Las oportunidades podemos crearlas, podemos procurar ubicarnos cada día un poco más cerca de aquello que anhelamos, trazándonos un plan, tocando las puertas que consideremos, alcanzando pequeños objetivos que finalmente nos conduzcan a donde queremos estar.

A pesar de parecer contradecirse, no tiene que existir una lucha entre ellas. Ambas pueden cohabitar en las creencias de cada quien, entendiendo que algunas cosas, por más que las queramos en nuestras vidas, pueden ser sustituidas por otras que nos traigan mayor beneficio y que estamos conformados por una parte con sabiduría divina y otra parte con una mente creadora, donde vamos paso a paso escribiendo nuestra historia. El alma trata de guiarnos, pero la mente muchas veces no le da espacio y a través de nuestros pensamientos y creencias vamos construyendo nuestra vida, inclusive de la manera más difícil posible.

Lo ideal sería creer que las dos cosas tienen el mismo poder creativo y si combinamos nuestro plan de alma con nuestras capacidades de materializar lo que deseamos, terminaremos construyendo una vida llena de las experiencias más enriquecedoras. Lo que sí debemos apartar de nuestra mente es la necesidad de desangrarnos por aquello que queremos, la vida plena no está asociada a sacrificios que vayan más allá de lo que conforma nuestro bienestar.

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Pensemos de manera positiva, creámonos merecedores de todo lo bueno que queremos y abiertos a recibir cosas inclusive mejores, vibremos con lo mejor, que no nos importe tanto si la oportunidad nos tocó a la puerta, si la creamos o si la tuvimos que sacar de debajo de las piedras, lo más importante es pensar que estamos viviendo en sintonía, procurando lo mejor para nosotros, escuchando esa voz interior que nos guía y creando cada día a través de nuestros pensamientos, creencias y decisiones, todo lo que nos resulta de provecho.

Confiemos en el proceso de la vida, si logramos convencernos de que nuestro propósito es sencillamente ser felices, sabremos exactamente qué hacer, cómo reaccionar y qué descartar de todo el compendio de simples y complejas cosas que forman parte de nuestras vidas. Además sabremos cuándo estamos en un momento que requiere de nuestra paciencia y cuándo estamos en un momento que requiere mayor proactividad.

Si tenemos dudas en relación a si lo estamos haciendo bien, solo bastará con mirar nuestras emociones, observar cómo nos sentimos, cuando tenemos paz, cuando lo que sentimos es positivo, estamos en presencia del mejor indicador que nos está señalando que vamos por el mejor camino y con la mejor actitud posible.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet