Hazlo ahora, los “luego” usualmente se convierten en “nunca”

Muchos tenemos un muy mal hábito para definir el momento de ejecución de las cosas que tenemos que hacer, con frecuencia postergamos las cosas que pudiéndolas realizar ahora, preferimos dejarlas para otro momento futuro.

El no administrar de manera eficiente nuestro tiempo nos trae inconvenientes innecesarios, entre los cuales podemos mencionar:

Acumulación de tareas o actividades: Debido justamente al aplazar acciones, vamos acumulando con el paso del tiempo una gran cantidad de pendientes que para resolverlos necesitaremos hacer una programación más elaborada y ajustarnos a ella si no queremos incrementar el problema.

casas-en-el-aire-representando-la-ansiedad

Generación de estrés: El hecho de saber que tenemos que hacer algo y por un motivo u otro lo hemos aplazado nos genera una sensación de estrés permanente, lo cual nos hace difícil inclusive ejecutar otras actividades.

No avanzamos: Se supone que nuestras actividades las programamos en función de acercarnos a donde queremos estar, así sea avanzando de a cortos pasos, pero si postergamos esas acciones grandes o pequeñas, probablemente no podremos ejecutar las que le sigan y estaremos estacionados sin lograr avanzar.

Ansiedad-miedo

Pérdida de la autoconfianza: El postergar como forma de vida lleva consigo el riesgo de perder la credibilidad ante nosotros mismos, sintiendo que aunque digamos que haremos una actividad en un momento determinado, en el fondo sabremos que buscaremos una excusa para no realizarla, generando emociones que no nos favorecen como frustración, pena, desconfianza y frustración.

Nos cuesta comprometernos: Debido a que sabemos cómo estamos reaccionando ante lo que demanda nuestro tiempo y atención, siendo poco eficientes y proactivos, solemos evadir los compromisos que nos pongan en un aprieto superior al que podemos manejar.

persona-con-cuervos-Cathrin-Welz-Stein-Copy

Las demás personas dejan de contar con nosotros: Algunos ven esto como un factor positivo, sin embargo, pocas cosas generan mayor satisfacción como el ser útil para alguien más, que otra persona pueda necesitar de nosotros y poderles decir presente. Cuando los demás perciben esa actitud de aplazar en nosotros, procurarán no implicarnos en ninguna de sus actividades.

Como vemos los efectos negativos de postergar tienen sus principales efectos en nosotros mismos, haciéndonos perder el recurso más valioso que tenemos y estacionarnos en la vida a esperar que tengamos las ganas o el coraje de hacer lo que tenemos que hacer y también tiene un efecto en los demás, de la proyección de nuestra imagen y de lo que pueden esperar de nosotros.

Así como tomamos el hábito de postergar, podemos revertirlo, preparando una agenda y procurando ajustarnos a ella, darnos plazos razonables para ejecutar acciones y buscando siempre sentir nuestros progresos, los cuales se convertirán en el mejor estímulo para evitar que los “luego” se conviertan en “nunca”.

Por: Sara Espejo -Rincón del Tibet