La vida es una mágica combinación de actos casuales que hay que saber aguardar. Debemos ser pacientes y mirar nuestros día con la mente abierta y el corazón encendido, porque las cosas buenas, siempre acaban llegando cuando menos las esperamos

Sabemos que cuesta, sabemos que no es fácil confiar en el destino. ¿Quién lo teje? ¿Quién hila sus trágicas fatalidades y sus grandiosas maravillas? Todos formamos parte de una totalidad inmensa donde cada acto, cuenta.

Todos somos dueños de nuestro destino, y a la vez, breves pasajeros de esta rueda vital que no deja de girar, y que sin saberlo, nos ofrece múltiples oportunidades.

¿Sabes verlas? ¿Sabes atender todas las posibilidades que se abren en tu día a día? ¿O solo te arraigas a las cosas físicas, a las preocupaciones, a los miedos y ansiedades?

Déjate llevar. Permite ofrecer libertad a tu alma, a tu mente. Solo hay que formar parte de este movimiento que fluye a nuestro alrededor para dejar paso a que esas pequeñas casualidades, sucedan. Y te aseguramos que son las mejores.

Una mente abierta que acepta nuevas posibilidades

Para comprender un poco mejor el mensaje que deseamos darte, empezaremos ofreciéndote un sencillo ejemplo. Es posible que tú mismo, o alguien muy cercano a ti, haya sufrido una depresión. Te sorprenderá saber que según datos de la OMS (Organización mundial de la salud) es el trastorno mental más frecuente, y afecta casi a 350 millones de personas en todo el mundo.

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Lo llaman la enfermedad moderna, la enfermedad del alma. Ahora bien, a pesar de saber que ninguna depresión es igual y de que cada persona es única a la hora de vivir este problema, existen unos ejes comunes:

  • Sensación profunda de abatimiento, perdemos la confianza en el mundo, en que las cosas buenas puedan volver a sucederse.
  • Buscamos la soledad, y las lágrimas, no siempre nos ofrecen el desahogo que buscamos.
  • Nos atrapa el pesimismo, percibimos que nadie puede entendernos, y que el mundo avanza en una dirección opuesta a la nuestra.
  • La semioscuridad nos ofrece consuelo y alivio, ya no sentimos placer. Y nos sentimos cansados, e incluso doloridos físicamente.

La depresión no es solo la vivencia de una tristeza profunda, es algo que va más allá. Es un cerebro emocional que está herido y que solo ve vacíos a su alrededor. Ya no confiamos en la vida, en las casualidades, ni en la magia del día a día.

Debemos «despegarnos», liberarnos como grandes guerreros de ese abatimiento, de los pensamientos negativos y del derrotismo. Si te hundes en la desesperanza, dejas de avanzar, y la vida, las casualidades solo llegan para quien se mueve, para quién abre los ojos con ilusión y humildad al día a día.

Las casualidades existen

No vamos a hablarte de la ley de la atracción, ni del hilo rojo del destino. Queremos hablarte de ti y de esa fuerza interior que se esconde en tu mente y en tu alma para encender tu realidad, y permitir así que las cosas positivas lleguen.

– No quieras que tus sueños se cumplan de un día para otro. Tampoco construyas grandes castillos. Sé humilde siempre de actos y pensamiento, puesto que la humildad, te permitirá tener una mente más abierta, y más libre.

– Sé paciente y abierto a todo lo que te envuelve. Disfruta del «aquí y ahora» de quienes te rodean, de todo lo que te llega, no cierres tu mente bloqueándola con miedos, con desconfianza, con temores. Una mente libre, curiosa y receptiva, experimenta mejor cualquier estímulo, y a su vez, propicia el «movimiento vital».

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– Si «te apegas» al sufrimiento, a la influencia de personas tóxicas, a las preocupaciones, te estarás encallando, no darás paso a las casualidades porque lo casual está inscrito en el propio movimiento vital.

¿Un ejemplo? Tienes una pareja celosa que te marca directrices de todo lo que debes hacer. Envenena tu mente, hundiendo tu autoestima, robándote sueños. Tu felicidad está en el bolsillo de otra persona, no eres dueño de ti mismo. En estas situaciones, nadie puede avanzar ni fluir, «estamos encadenados».

Permítete ser libre, rompe las cadenas de esos apegos insalubres que te hacen prisionero. Si abres los ojos a la ilusión, si enciendes tu corazón con esperanzas y humildad, las casualidades te traerán los regalos más hermosos. Esos por los que merece la pena esperar… Y soñar.