El chisme podríamos definirlo como aquella información que se propaga de una boca a otra, que no necesariamente es cierta y que pocos se dan la tarea de verificar antes de su difusión, la fuente o veracidad.

Somos portadores y receptores de información, información que en caso de ser difundida trae siempre consecuencias. Algunas veces esas consecuencias resultan positivas para los involucrados, pero en otros casos puede dañar, incluso siendo cierta información transmitida. Lo trascendente de este asunto es que cada uno de nosotros tiene el poder de beneficiar a otro a través de su palabra o de su silencio,  tanto como tiene el poder de dañarle y ante tales efectos no podríamos ser otra cosa más que responsables por lo que sale de nuestras bocas. Si dudamos de la información, no nos hagamos eco de ella. En caso de que pensemos que nuestra difusión no va a aportar algo positivo, no nos hagamos eco de esa información. Si tenemos la posibilidad o sentimos que es nuestra obligación dar un mensaje por considerarlo una alerta para prevención de otros, debemos verificar lo vamos a decir, indagando la fuente del mensaje y su contenido. Tomando estas medidas podemos dejar de ser el eslabón a través del cual se propaga una información falsa o inconveniente y en el mejor de los casos romperemos la cadena.

Dañar por dañar

Chisme
Hay una tendencia a dañar por la cual se inclinan muchas personas. Todo lo que involucre desprestigiar, llevar a menos o dañar de alguna manera la imagen de alguien, tiene una serie de seguidores que normalmente son movidos por la envidia, por el ocio o por la incapacidad de aportar algo positivo. Nadie debe pensar que opacando a los demás, va a brillar más. Todos debemos enfocarnos en ser luz para quien se nos acerque y procurar siempre que lo que salga de nuestras bocas edifique y construya una estructura cargada de valores que benefician a todos los involucrados. Si bien es cierto que hay muchas cosas que existen, que pasan, que consideramos no están bien, su propagación en la mayoría de los casos no mejora su condición. Por lo que cada vez que vamos a aportar una opinión, vamos a decir algo en relación a algo, debemos internamente cuestionarnos y preguntarnos si efectivamente nuestro comunicado construirá algo positivo, evitará algún daño o simplemente le generará algún efecto negativo a alguien. Debemos dejar a un lado la tendencia a abrir la boca por abrirla, porque lo que decimos habla mucho de nosotros, incluso más de lo que habla de quien podamos mencionar. No nos va a pasar nada si nos callamos aquello que sabemos destruirá en alguna medida a alguien, no explotaremos, ni seremos menos interesantes.

Nuestro entorno también habla

De cualquier manera, nuestro entorno dice mucho de nosotros, revisa las conversaciones que mantienes comúnmente con quienes te rodean y con sinceridad haz un balance de lo que hablan. Si ves que en la mayoría de los casos siempre están destruyendo a alguien, no dudes que al dar tú la espalda seas uno más. Por tu crecimiento procura rodearte de personas que hablen de proyectos, de experiencias, de avances, de cosas que sumen… no que hablen mal de otras personas. Cuando dejas de ser eco de chismes, comienzas a vibrar en otra frecuencia y la información que llega a ti será diferente, no serás un buen receptor de chismes y no formarás parte del juego macabro al que se unen muchos, sin mayores argumentos con la finalidad de dañar a alguien. Si tienes algo que decir de alguien, la mejor oportunidad de hacerlo será de manera frontal y sin intermediarios. Se necesita valentía para hacerlo, es por ello que el chismoso abunda. Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet