Con el tiempo aprendí que está bien vivir una vida que otros no entiendan

La libertad es un estado poco conocido por la mayoría, aunque esto no sea evidente para todos. Vivimos atados a un sinfín de “deber ser”, desde que nacemos, porque tradicionalmente ha sido así, no tenemos mucha práctica en eso de romper paradigmas, y muchas veces nuestros intentos por sentirnos libres son interpretados como “ataques de rebeldía”.

¿Por qué no ser rebeldes ante un mundo que ha decidido vivir de una manera, si no nos sentimos satisfechos con eso? Tenemos mil argumentos para ser rebeldes, pero no es sencillo, es luchar en contra de la corriente, es cuestionar argumentos que vienen generación tras generación, tomando fuerza, validándose y resulta muy complicado no tener la aprobación de otros.

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Pero la vida, como la conocemos, no es tan larga como nos gustaría, el hecho de que no entiendan nuestros pasos, que no los compartan, no significa que no debamos continuar un camino determinado. Solo nosotros debemos decidir el rumbo a tomar, ser los capitanes de nuestro barco y no un pasajero más, que va a donde lo lleven, limitándose a ver por una escotilla.

A menudo el que nos deje de importar realmente lo que piensen u opinen los demás de nuestra vida, se logra con el paso de los años, con la madurez, con los tortazos que nos damos tratando de complacer a otros, antes de hacerlo con nosotros.

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No es necesario irnos al Himalaya para sentirnos libres, pero sí podemos al menos hacer un esfuerzo por escuchar lo que nos diga nuestro corazón, por hacer lo que nos gusta, que mientras no le haga daño a otra persona, será el mejor camino que podamos tomar.

Un pequeño porcentaje de la humanidad se gana la vida haciendo lo que le apasiona y es cierto que todo lo que hacemos debemos llevarlo a cabo con amor, pero más cierto aún es que si no nos sentimos a gusto, si no es en lo que realmente queremos invertir nuestro tiempo, por mucho amor que le pongamos, nos sentiremos inconformes con nuestras vidas.

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No esperemos al final del libro para querer escribir otro, para querer borrar, tachar o arrancar las páginas, tomemos acciones lo más pronto posible y si no nos gusta lo que hemos escrito, podemos sencillamente comenzar a escribir una nueva historia, nunca será tarde para darle una vuelta a nuestra vida y dedicarnos a ser felices sin que nos importe si los demás lo entienden o no, ni siquiera nosotros tenemos que entender nuestra vida, pero lo que sí no podemos dejar de hacer es de disfrutarla.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet