RINCÓN del TIBET

*Carta de la humildad a la envidia

Carta de la humildad a la envidia

Querida envidia:

Te siento muy cerca. Te veo en ese regalo envenenado, en esas palabras “bienintencionadas”, en los “descuidos” premeditados, en las habladurías, en las miradas oscuras y en las críticas no constructivas.

He ido a buscarte a tu casa para hablar contigo y me he encontrado un lugar oscuro y terrorífico. La gente que había a tu alrededor me juraban y me perjuraban que nunca te habían visto pero yo sé que eso no es verdad, que solo estaban escondiéndote y que desconfían de mí porque piensan que voy a dejarles desprotegidos.

Estoy escribiéndote esta carta para pedirte que dejes de arruinar relaciones, personas y emociones. No sé si te das cuenta de que eres peligrosa, de que solo causas sufrimiento malos entendidos.

Tienes que dejar salir a la autoestima y al amor propio para que yo pueda ayudarles, deja de comparar a las personas para que alguien salga dañado. Toda comparación es odiosa, y más si se hace con mal criterio.

No expongas a la gente al reflejo de sus frustraciones en un espejo a modo de lupa. No te voy a permitir que lo hagas porque estás destruyendo a la gente que se acerca a ti. Condenas el talento y el éxito ajenos sin importante nada más que tú misma.

Mira, voy a contarte una historia que quizás te haga reflexionar:

El joven discípulo de un filósofo sabio llega a su casa y le dice:
-Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia…
-¡Espera! -lo interrumpe el filósofo-. ¿Hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
¿Las tres rejas? -preguntó su discípulo.
-Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
-No. Lo oí comentar a unos vecinos.
-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
-No, en realidad no. Al contrario…
-¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
-A decir verdad, no.
-Entonces… -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdad, ni bueno ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

 

Si fueses consciente del mal que puedes llegar a ocasionar, te lo pensarías dos veces antes de imponerte ante alguien. Por eso, te pido que antes de actuar te pases los filtros de la verdad, la bondad y la necesidad.

Por tu culpa se ponen zancadillas, se hunde a la gente con falsos testimonios y se arremete contra el inocente. El mundo es menos mundo. Deja de difamarme y de decirle a la gente que no se acerquen a mí.

Las personas humildes no son vulnerables, yo las protejo de las mofas y del desprecio y, sobre todo, cierran los ojos y pueden dormir por las noches.

Tú no puedes descansar porque tus malos sentimientos corrompen tus sueños, no puedes dejar de pensar en lo que otros tienen o son y cómo puedes arrebatárselo. Vives en un continuo enfado y el resentimiento es tu bandera.

Me das pena, porque la decencia es algo que nunca podrás alcanzar, porque a mí no me puedes robar absolutamente nada y porque la felicidad está de mi lado. Tarde o temprano todos se darán cuenta, así que recapacita y márchate por la puerta de atrás.

Atentamente,

La Humildad

Recuerda mirar de lejos a la Arrogancia y a la Envidia, no traen consigo nada más que problemas.
No te olvides de que para ser grande primero tienes que aprender a ser pequeño, pues la Humildad es la base de toda grandeza.

Nosotros

Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

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