Aprendiendo a disfrutar de mi compañía

He de confesar que no sabía qué tan fuerte podía yo ser; no sabía que mi mejor aliada y compañía sería mi alma y fuerza interior.

Nuestra historia de amor la viví al natural, sin prisa ni temores, quizá como “debe” de ser, sin esperar ni mucho menos creer en un final, no sé qué tan acertado o malo pudo ser, porque aunque lo viví intensamente, terminó ilusa e injustamente inesperado. Cuando nuestro mágico y fugaz amor, y nuestro tiempo llegó a su fin, pasé noches que parecían no tener final y días largos y muy amargos, por las noches a solas me quebraba y rompía en llanto imparable, mis pensamientos me angustiaban y la amenazante soledad me aterraba increíblemente; aunque frente a todos fingía demencia e indiferencia, me desenvolvía con tal fortaleza que mi sonrisa era mi coraza y nadie lograba desnudar mi alma.

Pero por dentro sentía que moría, que me robaban, arrancaban algo de mi ser, que no sólo se alejaba, sino que desaparecía una parte de mi esencia. Sentí que las palabras me ahogaban tormentosamente por todo aquello que siempre quise decirle y nunca lo hice, por el tiempo que nos faltó, los besos que no le di, el amor que me falto expresarle, las falsa promesas incumplidas y todo eso que no sucedió.

Sentía que mi mundo se desmoronaba en miles de pedazos que caían enteros sobre mí,  quería refugiarme en algún rincón y que nadie me encontrase, quería que el tiempo se detuviera por tan siquiera un instante, para saber como amortiguar y sobrellevar aquel dolor incesante.

Fueron días tan difíciles e inesperados que con el simple hecho de recordarlos me provoca sentir que me falta el aire y la ansiedad me invade.

Me tomó varios meses el darme cuenta que me negaba a aceptar la cruda realidad y sobrellevar el duelo, evitaba a toda costa el verme sufrir, me aterraba el simplemente pensar en el dolor, y el hecho de verme a mí sin él. Sentía que me exponía a una vulnerabilidad incontrolable y desafiante, quería protegerme de todo tipo de sentimientos intimidantes.

mi compañía

 

Me inquietaba muchísimo verme sin una figura de hombre en mi vida, sin esa compañía, apoyo y seguridad en mis días; por tales motivos, tomé decisiones equivocadas, actué de maneras inadecuadas e hice cosas completamente inesperadas.

Quería olvidarle y sacarle de mi vida a como diera lugar, sin embargo irónicamente esperaba encontrar esos sentimientos que él me generaba en otro ser, su mirada en los ojos de otros hombres, sus caricias en otras manos y sus besos en otros labios.

Me di cuenta que el sexo es muy voluble, así como puede ser tan placentero puede causar un gran vacío. Reemplazaba sentimientos y emociones súbitamente, y es que hay sentimientos tan temporales pero tan placenteros que lo temporal sale sobrando.

Ahora me doy cuenta que tenía una idea errónea de la soledad, creí que era la peor de las compañías, pero todo es cuestión de perspectiva, y yo la confundí con esa pequeña y extraña necesidad de llenar un vacío en mí, saciar ciertas carencias personales y sentir algo distinto momentáneamente.
Ahora puedo agradecerle, porque cuando finalmente la valentía y la fortaleza se apoderaron de mí, decidí dejarlo ir; lo perdí a él pero me encontré a mí. Así que si me lees, te pido por favor que ahora que estoy bien no te atrevas a volver.

Ahora ando en este camino que llaman vida, determinantemente en busca de mi propio equilibrio emocional, espiritual y mental, corté ataduras, logré el desapego a esas relaciones enfermas, de aquellas erróneas creencias, ideas e incluso personas y decisiones adictivas.

mi compañía

Estoy descubriendo mi mundo interior completamente a solas, por fin aprendí que estar sola y sin pareja está bien, estoy dispuesta a profundizar en mí, a trabajar en mi propia seguridad y llenar esos vacíos yo misma y con el apoyo de diferentes alternativas, porque comprendí que si no lo hago yo, nadie más lo hará por mí.  Mis días están llenos de actividades productivas y experiencias fructíferas.

Estoy lista para compartir mi tiempo, y no con alguien ajeno, ni a solas, sino conmigo; disfrutando de mi fiel compañía, alimentando mi paz interior, reprogramando mi corazón, mi alma y mi esencia, engrandeciendo mis pasiones y enriqueciendo otras tantas habilidades. Tengo la certeza que cada vez me acerco más a esa persona de la cual diré: “¡vaya que orgullo de ser!”

Vía: El Perla Negra