Antes de juzgar a alguien debes colocarte en sus zapatos…

Si nosotros somos tan dados a juzgar a los demás, es debido a que temblamos por nosotros mismos. Oscar Wilde

 

Emitir opinión sobre circunstancias ajenas a nosotros, siempre nos resulta más fácil que establecer un criterio sobre nosotros mismos, resulta sorprendente la manera en la cual nos hacemos expertos en  juzgar las acciones de los demás, en criticar, en opinar y en la mayoría de los casos, además aclaramos que nuestro comentario es simplemente una opinión en aras de justificar nuestra intervención.

Antes de juzgar a cualquier persona, es necesario que te coloques en sus zapatos, no podemos estar en conocimiento de los motivos y las causas que llevan a las personas a actuar de tal o cual manera, sean buenos o sean malos, no nos corresponde a nosotros juzgarlo, no está en nuestro haber el determinar si los motivos o las razones que impulsaron a esa persona a actuar de una manera determinada, son buenas o malas.

No puede uno juzgar a los demás por sus peores momentos, ni por sus peores defectos. La dichosa palabra

 

 

juzgar acciones

Evidentemente, hay cosas inherentes a lo moral, cosas que sin duda y sin mayor aclaratoria son correctas e incorrectas, atentan contra la ley y armonía de las cosas, sin embargo, es necesario conocer los antecedentes y el trasfondo de la situación de una determinada persona, para poder opinar y aún así, justificar conocimiento no nos otorga el derecho de juzgarla.

Juzgar a los demás es hacer crítica de lo que se desconoce y este es un acto muy vil en sí mismo, incluso las acciones de nuestros propios hijos, por lo general sentimos la responsabilidad de juzgar si es bueno o es malo y no nos detenemos a pensar, si realmente nos corresponde a nosotros rescatarlos o permitirles determinadas experiencias.

 

juzgar experiencias

Tener suficiente dominio de sí mismo para juzgar a los otros por comparación con nosotros mismos, y obrar en relación a ellos tal como desearíamos que obrasen con nosotros, a esto es a lo que puede llamarse doctrina de la humanidad; no hay nada más allá de esto. Confucio

 

Lo que diferencia a unas personas de otras, es que algunas tienen la sabiduría, la serenidad y la fortaleza para guardar silencio, se guardan sus opiniones o en tal caso son las últimas en manifestarlas y por lo general es para aportar una solución, para sumar y no para dividir.

juzgar silencio

Antes de juzgar las acciones de los demás, es necesario entender que en cualquier momento pudieras ser tú la persona juzgada y que la única manera de que entendamos a las demás personas, es experimentando lo que cada una de ellas vive en su interior.

 

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