A pesar de la distancia, mi corazón te espera

 

Me siento en deuda con mis sentimientos: el lenguaje del corazón. Desde aquel día lluvioso de Marzo que nos despedimos tú y yo, ellos me hablan en silencio y a diario. Mis palabras, son tan sólo una forma, limitada, para traducir aquello de lo que me hablan y es cierto, no alcanzan para expresarlos. En un intento por ser fiel a lo que me cuentan, dejo los sentimientos libres al viento, con la única esperanza de que a 3379 km te alcancen a través de las palabras… Que pareciera es lo único que tengo.

 

Nos despedimos aquel día. No lo viste, pero mi corazón te lloró. Intenté consolarlo como varias noches lo he hecho cuando me dice que te extraña, le dije y le sigo diciendo que todo estará bien, que algún día te reencontraremos. Le prometí que juntos, él y yo, te esperaríamos si eso era lo que deseaba, que seríamos fieles, y entonces me preguntó a qué o a quién seríamos fieles. Con un nudo en la garganta, le expliqué que la fidelidad es aquella conexión que se crea con algo valioso, es aquella honestidad consciente hacia algo o alguien.

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Erróneamente, pensamos en ser fiel en primera instancia a otra persona, y digo “erróneamente” pues no se puede crear un vínculo con otro ser sin antes haber reconocido quiénes somos, qué sentimos y cuál es nuestra búsqueda, porque es hasta que reconocemos nuestro propio valor y creamos un vínculo íntimo que podemos establecerlo, basado en fe y verdad, con alguien más. Así, juntos mi corazón y yo, decidimos sernos fieles: reconocernos y actuar con autenticidad, para ser fieles a ti.

El calendario marca más de 60 días desde que tomaste el avión que nos separó. No olvido tus ojos, ni tu sonrisa que más que perfecta… Me parece sincera.

“Que tengas buen día” “¿cómo amaneciste?” “¿Ya comiste?” “¿Ya cenaste?” “¿Cómo terminó tu día? Que descanses, cuídate”. No lo ignores, es la forma más exacta, aunque parezca imprecisa, que tengo para decirte que mi corazón te quiere. Es sincero el cariño que mi corazón te tiene, porque aún sin esa cercanía física que como seres humanos anhelamos y buscamos, te lleva a todos lados, intenta abrazarte y besarte, habla a los demás de ti como si estuvieras aquí para presentarte, para que te conozcan, para que cuando regreses sepan quién lo acompañó en estos meses, quién lo consoló en la distancia, quien le dejó un beso y un abrazo por cada día de ausencia.

Por la mañana, al despertarse mi corazón, lo primero que hace es ver la fecha en el calendario, se entristece al ver que tan sólo ha pasado un día desde la última vez que lo miró, desearía que al volver a mirar hubiesen pasado ya meses, porque entonces estaría más cerca de poder mostrarte de una manera más libre todo el cariño que ha guardado sólo para ti; para decirte cuánto te ha extrañado, para decirte cuán frías le han parecido las noches sin ti, para hacer esos viajes planeados, para caminar de tu mano y sentirse orgulloso, para reír juntos, para contarte otros tantos secretos que no alcanzó a confesarte, para despertar con la tranquilidad de que al menos, por un tiempo, no tendrá que revisar el calendario y llorar en la espera. Para decirte que el amor sí existe.

Mi corazón y yo te esperamos para compartirte un poco de lo que somos, de lo que sentimos y que resguardamos con recelo sólo para ti.

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Mientras el tiempo y el calendario acuerdan que ha llegado el momento, te recuerdo aquí cuando duermo, cuando despierto, en el día y en la noche, cuando hace calor y cuando hace frío, cuando río y más cuando lloro, cuando parece que todo está a mi favor, cuando parece que nada va bien, en aquello que nos dijimos, en aquello que callé, en el ruido, en el silencio. Te recuerdo en el sabor de la perfecta combinación de chocolate y menta, en aquellas canciones que escuchamos aunque no fueran parte de mi repertorio favorito pero que estaban de fondo cuando regresábamos a casa. Te recuerdo en tus gustos que me compartiste, en tus anécdotas que aquí me dejaste. Te recuerdo en el último beso, abrazo y palabra que me dedicaste. Te recuerdo en mi casa, en mi habitación… Te recuerdo en todo… Y también en la nada.

Que te reconozcas en mis palabras… Que te reconozcas en mis sentimientos… Y que te reconozcas en mi corazón aun a kilómetros de distancia… Porque:

A 3379 km… Fe y verdad observamos hacia ti, mi corazón y yo.

 

Via: elperlanegra