No permitas que tu felicidad dependa de algo que puedas perder

Muchas veces depositamos lo que consideramos nuestra felicidad en personas, situaciones o cosas que no necesariamente podrán formar parte de nuestra vida de manera indefinida, y conscientes de ello, no terminamos de disfrutarlas mientras podemos, sino que tenemos un miedo permanente a perderlas, lo cual es la base de nuestro sufrimiento.

Todo pasa y todo cambia

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Debemos entender que en la vida todo forma parte de un cambio permanente, que todo se mueve y si no fluimos con los cambios y nos resistimos a aceptarlos, estaremos malgastando nuestras energías de manera considerable, además de que nos estaremos cerrando a vivir otras experiencias, inclusive más interesantes que aquellas a las cuales buscamos aferrarnos.

A veces debemos soltar lo que tenemos para darle paso a nuevas vivencias

Aunque no siempre sucede, muchas veces tendremos que soltar algo que valoramos, para poder tomar algo que para nosotros resulta novedoso. Es aquí donde los apegos, la costumbre y el miedo a lo desconocido nos ponen mil trabas, buscando quedarse en la zona de confort, pero que no necesariamente es la que nos hace sentirnos mejor.

Si no nos arriesgamos, nunca sabremos qué tan lejos podemos llegar o cuántas conquistas somos capaces de realizar, evidentemente puede darnos miedo, pero esto no puede convertirse en un factor limitante y debemos sencillamente actuar a pesar de él.

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No busquemos fuera lo que solo reside en nuestro interior

Si bien es cierto que factores externos pueden colmarnos de alegrías, de satisfacciones, esto no podemos confundirlo con la felicidad real, aquella que no depende de nada de lo que ocurra fuera de nosotros mismos, que no distingue de escenarios, de momentos, de personas, de presencias o ausencias.

La verdadera felicidad la encontramos dentro, en esa tranquilidad de saber que todo está bien en nuestro interior, que se nos puede caer el mundo encima y tenemos la seguridad de que contamos los recursos para salir de eso, donde aceptamos cada momento sin pretender cambiarlo y actuamos en pro de nuestro bienestar, pero no desde la angustia o la ansiedad, sino desde la calma que se adquiere cuando entendemos que todo es perfecto tal y como es, que creamos nuestra vida con un propósito y tenemos el privilegio de dirigir nuestro barco.

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El miedo a perder nos hace actuar de manera errada, nos hace maquinarlo todo, atemorizarnos por todo. Si permitimos que las cosas fluyan, sin darle importancia a la permanencia en el tiempo, sin generar necesidades, podemos sencillamente disfrutar de cada experiencia, vivir el presente y desconectar un poco nuestra mente preocupada por el mañana y afectada por nuestro ayer.

Vive la vida con la plena consciencia de que solo tú eres el responsable de tu felicidad, no se la endoses a nadie, ni responsabilices a otro por lo bien o mal que te puedas sentir, tu decides lo que recibes y cómo te afecta todo lo que proviene del exterior.