El perdón no es un regalo que demos a otro, nos lo ofrecemos a nosotros mismos

Por la vida caminan muchas personas que albergan en sus corazones los sentimientos menos productivos, los más paralizantes, los que los alejan de tener paz y tranquilidad en su ser y en el perfil de estas personas se encuentra el no saber o no querer perdonar.

Como seres humanos, todos cometemos errores, todos nos vemos expuestos a lastimar a alguien, a romper la confianza, a que nuestras equivocaciones nos cuesten afectos, nos cuesten trabajo y así como nosotros, están los del otro lado, los que nos lastiman y nos hieren, a veces sin la intención de hacerlo y otras veces con un montón de justificaciones que para nosotros pueden resultar poco válidas.

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En estos ciclos de cuidado de las relaciones, de interacciones, de aciertos y desaciertos, algunas veces cuando resultamos lastimados, nos cuesta un tanto perdonar, siendo el perdón solicitado o no por la parte que nos ha generado el agravio. El perdón tiene que nacer de cada quien, no es necesario que la otra persona ni siquiera se entere, no es necesario que la otra persona haga algo específico para enmendar su error, o lo que nosotros consideramos como tal (aunque esto suele ayudar).

Lo que es necesario es tener la disposición para desprendernos de aquello que nos hiere, que no solo nos lastimó cuando ocurrió, sino que le damos el poder para que lo haga una y otra vez a través de nuestra memoria, cosa que solo nos afecta a nosotros, porque quien nos lastimó probablemente ya lo haya superado (en caso de que le haya afectado), y probablemente está ocupando su mente de cosas que no tienen que ver con nuestro dolor.

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El perdón es necesario para cortar el ciclo, para salir del dolor que nos generamos periódicamente por el resentimiento, el rencor, las ganas de vengarnos, la envidia, los celos, el odio… en fin, todo esto lo que hace es dañarnos, enfermarnos, intoxicarnos y solo liberando esa carga contaminada de nuestro ser, logramos hacer una limpieza que nos permita estar en armonía con nosotros mismos.

Algunas veces será necesario perdonarnos a nosotros mismos, entender que en todo momento hemos hecho lo mejor posible con los recursos que hemos tenido para el momento, pensamos que la experiencia nos llega tarde, pero nos llega en el momento que estamos preparados, aunque ello haya significado pérdidas o sufrimientos en el camino. Todo forma parte de nuestro crecimiento, pero encerrarnos en el dolor y la culpa, limitará la evolución, habremos aprendido algo, pero no sabremos cómo aplicarlo y nos estaremos cerrando las puertas a nuevas oportunidades.

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Mientras más pronto perdonemos, más pronto podremos sentirnos cómodos con nosotros mismos, más entendimiento tendremos de la vida y con más espacio para lo bueno caminaremos nuestra senda.

 

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