Dejar de absorber energías negativas de los demás

Las personas más sensibles suelen ser las que más se ven afectadas por la energía negativa que irradian las personas en su entorno, por lo general poseen una alta capacidad para empatizar con quienes les rodean y esto los hace ser más vulnerables a padecer emociones negativas generadas por la interacción con otros.

Si nos sentimos particularmente cargados cuando nos relacionamos con personas específicas, eso quiere decir que nos estamos permitiendo que la energía de la otra persona influya en nuestro ser, dejándonos un tanto desgastados bien sea para ayudar a esa persona o para continuar con nuestra propia vida.

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Es cierto que todos estamos en algunos momentos cargados de pensamientos negativos, que podemos incluso sentir una nube negra sobre nuestras cabezas y no nos gustaría que ello fuese motivo de que nos execren o nos borren de la lista, nos gustaría inclusive que nos ayudaran a salir de esa situación. Pero siempre debemos estar conscientes de nuestros procesos y en qué medida estamos afectando negativamente a quienes nos rodean, con el fin de tomar las acciones necesarias para volver a nuestro equilibrio y dejar de perjudicar involuntariamente a quienes tenemos cerca.

Hay algunas cosas que podemos hacer para dejar de absorber este tipo de energías de otros:

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No pretender complacer a todos: Es lógico que queramos que quienes forman parte de nuestra vida, especialmente aquellos que apreciamos, se sientan complacidos con nuestras acciones, pero no debemos anteponer el complacer a otros sobre complacernos a nosotros mismos, ni invertir todas nuestras energías procurando el bien el otro, si nosotros quedamos en déficit. Debemos generar un equilibrio, debemos balancear todos los aspectos y afectos de nuestras vidas con el fin de distribuir nuestros recursos generando el mayor bien posible en la mayoría de los involucrados, especialmente en nosotros mismos.

Tomarnos momentos a solas: Hacer algunos retiros nos permite refugiarnos en nosotros mismos, nos permite aislarnos de cualquier fuente de conflicto, de dolor, nos permite establecer esa conexión esencial que dará paso a una mayor comprensión y autoconocimiento, herramientas con las cuales se nos hará más fácil interactuar con otros sin cargarnos de sus energías.

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Aprender a decir no: Muchas veces por el solo hecho de sentirnos aceptados decimos sí como respuesta a acciones que realmente no queremos hacer. Debemos tener la madurez necesaria como para saber decir que no si esa es la respuesta más coherente con lo que deseamos. Decir no a alguien, muchas veces es decirnos sí a nosotros mismos.

Aprender a ignorar: No se trata de ser indolentes, se trata de saber hasta qué punto le prestamos atención a aquello que nos afecta, que se queda clavado en nuestra mente y nos resta posibilidades de generar soluciones o ideas productivas. Pensar en soluciones y no prestarle demasiada atención a los problemas es la clave, escuchar sin involucrarnos, ayudar sin hundirnos, son las acciones que nos preserven más.

Estas acciones no nos hacen ser menos sensibles o menos empáticos, nos hacen canalizar de manera más efectiva aquello que nos puede perjudicar, entendamos que somos responsables de nuestros pensamientos, de nuestras acciones, de nuestras emociones, no debemos ceder ese poder a nada ni a nadie, si realmente apreciamos nuestra felicidad y nuestro equilibrio.

 

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